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Mexico – Uruguay. Setiembre 2025

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Hermandad teatral  México – Uruguay


 El espectáculo invisible
Luis de Tavira y las paradojas sobre el arte de la actuación

 A lo largo de varias décadas como director, dramaturgo, pedagogo y ensayista, Luis de Tavira ha concebido la escena como un espacio donde el arte y la ética se entrelazan. Ahora, ese pensamiento regresa en forma de libro: El espectáculo invisible, paradojas sobre el arte de la actuación.

Se trata de un ejemplar atípico con 365 aforismos, uno para cada día del año, en los que De Tavira reúne ideas, intuiciones y destellos de lucidez surgidos durante ensayos, talleres y diálogos con actores.

Los aforismos son proposiciones dilemáticas, antítesis resumidas derivadas de una honda reflexión. En este caso, han sido producto de una muy larga confrontación con el trabajo del actor, el ser paradójico por excelencia, el que es y no es, el que sabe todo lo que no sabe y no sabe todo lo que sabe. Las proposiciones que se ofrecen y se comparten en el libro se fundamentan en el actor y en su insustituible capacidad para guiar al público en el viaje de su propia imaginación.

La estructura es igualmente poco convencional: carece de capítulos tradicionales y en cambio presenta tres grandes apartados: La comarca del actor, Poética del actor y Antigua novedad del teatro, que se despliegan en núcleos más pequeños, como El adentro del afuera, Ser o no ser, Actuar es reconocer, La palabra hecha carne, La identidad imaginaria y El arte del cambio. Cada sección explora los dilemas éticos, técnicos y filosóficos de la práctica escénica.

En una entrevista con el periódico La Jornada, el autor dice que su obra es fruto de “meditaciones autónomas que me asaltaron en distintos momentos a lo largo de años. Notas que nacen de un asombro instantáneo ante el hacer vivo del arte dramático. Este ejemplar se fue haciendo solo”.

El texto evita fijar una técnica o imponer una escuela. Se acerca más a la poesía que al manual. Para Luis de Tavira, la actuación es un hacer que proviene del pensar, al revés de lo que suele creerse. Y pensar, afirmó, es mucho más que razonar: es intuir, buscar, hallar, crear.

Al respecto, la actriz Mariana de Tavira, hija del autor, señaló: “Pienso que es un libro que se empezó a escribir mucho antes de aterrizar en el papel, y que nace de la pasión por desentrañar el misterio de qué es eso, indecible, que hacen los actores y las actrices, que hace del teatro, teatro. Una pasión que han sido años y años de observar y enseñar a aprehender ese fenómeno casi sobrenatural, para quizá llegar a la conclusión de que es solo comprensible en la paradoja. Como ya lo había intuido Diderot. De ahí, la amorosa dedicatoria a las actrices, actores y estudiantes de actuación, de quienes —afirma el autor— ha recibido inspiración y para quienes ha sido escrito”.

La obra está escrita para ser leída lentamente, porque llega con retraso a un tiempo apresurado. Así comienza la primera reflexión, y desde esa advertencia se perfila el aliento que recorre sus páginas: una escritura pausada que rehúye las prisas y esquiva las fórmulas.

El prólogo de la edición, firmado por el crítico español Juan Antonio Hormigón, define a De Tavira como hombre de teatro integral y celebra el carácter audaz del volumen: una escritura que parece emerger de otro ritmo, cuando aún se leía entre los boscajes, al estilo de fray Luis en su retiro salmantino. No es un tratado, es una brújula.

 

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México – Uruguay
Mi madre y el dinero: una obra de Anacarsis Ramos sobre los conflictos de la precariedad y el trabajo

 El actor Anacarsis Ramos sube al escenario y lo acompaña su madre Josefina Orlaineta. Aunque la obra ha comenzado, el público se enfrenta a la sensación de que es testigo de una conversación entre una madre y su hijo, donde hablan de los muchos trabajos que Josefina ha tenido, desde peluquera hasta tendera o fabricante de chorizos. Pero también de la precariedad laboral, la explotación y opresión capitalista, y la violencia. Y verá que la vida como actor no ha sido tan diferente para Anacarsis. Esa es una primera mirada sobre lo que ocurre en la obra teatral Mi madre y el dinero.

Originario de Campeche, México, Anacarsis Ramos es un joven dramaturgo, escenógrafo, actor, docente y director. Cuenta con estudios de actuación y sociología. Es director artístico de la compañía Pornotráfico, una agrupación que aborda la escena como un espacio de experimentación de la realidad con la que ha producido proyectos escénicos y pedagógicos. Sus trabajos investigan las funciones que se le dan a la ficción para estructurar la realidad social, así como la cualidad de empoderamiento que tiene generar discursos y narrativas sobre los grupos a los que pertenecemos.
Esta vez exhibe un Teatro en progreso (work in progress), una obra de performance que se presenta en una etapa determinada de su desarrollo, en donde se le ve compartir el escenario con su madre. A partir de la reflexión acerca de su propia relación con el dinero, decide indagar cómo es la de su madre con la plata.

Desde un dispositivo autorreferencial, Anacarsis y su madre hablan de algunos de los trabajos que la señora ha tenido a lo largo de su vida. Durante 60 años ha ejercido 40 trabajos y aún así no ha sido suficiente para lograr una seguridad financiera. La obra no tiene nada de ficcional, más bien, habla francamente desde lo vívido. Aborda, por un lado, las repercusiones emocionales de la carencia económica que se atraviesan como generación y que afectan las relaciones personales, y por otro, las malas condiciones de trabajo que atraviesan quienes se dedican al arte escénico, además de hablar del colonialismo y la corrupción que atraviesa el estado de Campeche, de donde son originarios Anacarsis y Josefina.

Josefina Orlaineta no es actriz, o no lo era sobre un escenario, porque siendo vendedora en varios de los 40 trabajos que tuvo entre 1960 y 2020, algo aprendió de actuación.

“Yo estaba en una situación económica muy mala en la Ciudad de México y regresé a la casa de mi madre en Campeche, de donde me había ido hace 10 años para dedicarme al teatro”, dice Anacarsis. “Volví a trabajar con mi madre en uno de sus muchos negocios, el de los chorizos. En ese proceso, particularmente en la etapa de amarrarlos, que dura unas cuatro o cinco horas por las tardes, pasábamos mucho tiempo juntos. Ahí comencé a redescubrir su historia económica y todas las estrategias del trabajo que desarrolló, y cómo eso influía también en mi propio trabajo artístico. Fue como volver a explicarme mi vida, no sólo desde la terapia, sino desde lo económico”.

A la vez, Anacarsis Ramos expone en la obra, como se ha dicho, el trabajo artístico a la luz de la precariedad, la explotación y la violencia.

Comenta: “La obra nació del cansancio ante las instituciones y un sistema sin interés en reformarse, que se sostiene por el cariño que tenemos (los actores) a lo que hacemos, pero donde no se nos ofrece protección. Durante la pandemia lo vimos: no tenemos seguridad médica ni derechos como artistas. Siempre somos trabajadores freelance. Y el arte, además, suele idealizarse como algo glamoroso o espiritual, pero las condiciones materiales son precarias, como cualquier otro trabajo. Lo peor es que incluso quejarse está mal visto”.

Ramos le propuso a su madre hacer la obra y empezó a escribir lo que ella le narraba. Invitado a escenificar la obra como Teatro en progreso en un festival, se lo propuso a su madre Josefina, quien lo primero que le dijo fue: “¿cuánto nos van a pagar?”. Madre e hijo tuvieron negociaciones sobre lo económico —lo que luego formó parte de la obra—, y sobre el hecho de viajar y de pasar tiempo juntos. De hecho, una de las premisas conceptuales del proyecto fue que siempre se le pagara dignamente a ella, cuenta Anacarsis.

Paradójicamente, la obra sobre la precariedad, la explotación y diversos tipos de violencia, les ha permitido presentarse en Hamburgo, Bruselas y, para el año entrante, en otras sedes de Europa, Asia y Estados Unidos.

 


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