ENTREVISTA: ENRIQUE VIDAL
A próposito del estreno de «No me olvidé de lo tuyo»
“La obra es ‘muy uruguaya’ en cuanto a situaciones, estereotipos, costumbres, perfiles, pero con la universalidad de temas que son meramente humanos, más allá de las culturas”
Enrique Vidal (1956), además de director y actor con destacada trayectoria en el carnaval y el teatro, es un autor prolífico que, desde los años ochenta, viene desarrollando una dramaturgia tamizada por el humor, atenta al habla popular de sus personajes y orientada a propiciar en ellos —y en el público— una reflexión sobre sus comportamientos, con un toque tierno y nostálgico, como él mismo define esta obra, que marca su primer estreno con el elenco de El Galpón.
—En tu extensa actividad en carnaval y en teatro, el humor —con sesgo reflexivo y una mirada irónica sobre los comportamientos, el habla y los valores de los uruguayos, especialmente— ha sido una constante en tus espectáculos. ¿Cómo has vivido ese tránsito por el humor, que ya es casi una actitud ante la vida, y cómo han variado los temas en tu obra?
—Cuando comencé a hacer teatro fui, poco a poco, descubriendo mi interés y mi vocación por el humor como un lenguaje a través del cual se pueden transmitir infinidad de conceptos, ideas, interpretaciones, valoraciones y críticas sobre una realidad que es dinámica e imprevisible. Más allá del teatro, fui encontrando y desarrollando mi vínculo con el humor en el carnaval y en la televisión, donde sumé a mi desempeño actoral la escritura y la dirección.
La realidad cambia, y también cambia el abordaje humorístico. Las variables culturales, sociales, políticas y tecnológicas son, quizás, el alimento contextual por excelencia. En esa realidad cambiante se generan la elección de las temáticas y las preferencias personales.
—¿Y en esta obra cómo se expresa?
—Aparece como un componente de la vida misma. Sabemos que el humor, además de generar placer, cumple una función clave como contraparte de la angustia existencial. Tiene un componente catártico que ayuda a descomprimir los inevitables malos momentos que debe atravesar el ser humano, entre ellos, en algún momento, la llegada de la muerte.
En la obra, los personajes son cuatro hombres que superan los setenta años de edad, lo que implica haber recorrido un largo tramo del camino y, a la vez, les anuncia una mayor o menor cercanía con el final del ciclo vital. El pasado que los identifica y los reúne es abordado desde una mirada tierna, algo nostálgica, pero sobre todo muy divertida.
El contraste entre sus años jóvenes y los jóvenes de hoy —que, genéricamente, son sus nietos— y que, en muchos aspectos, puede ser trágico, resulta, sin embargo, divertido. Las modas, las músicas, las nuevas costumbres y conductas, los modismos y la tecnología —inimaginable en aquellos tiempos— generan muchas situaciones de humor.
—El título alude a una frase de uso popular referida a algo pendiente, una deuda o un pedido; recuerdo otra obra tuya con una frase muy instalada en su momento: “Estoy complicado”. ¿Cómo son y cómo vivencian el paso del tiempo, en su reencuentro, estos personajes “rockeros”?
—La obra es “muy uruguaya” en cuanto a situaciones, estereotipos, costumbres y perfiles, pero con la universalidad de temas que son meramente humanos, más allá de las culturas. “No me olvidé de lo tuyo” es una frase o modismo muy nuestro, usado aquí en el plano del recuerdo afectivo: “Te tengo presente, aunque hace mil años que no te veo”.
Aparece algo nuevo en esta “gente grande”, que es el uso de recursos tecnológicos, lo que posibilitó el reencuentro de amigos cincuenta años después. Pasar de la televisión en blanco y negro, el teléfono de disco, las cartas por correo, el revelado de fotos o la balanza con pesas al mundo de WhatsApp, Instagram, Facebook, TikTok y la frutilla de la torta, la IA, es emparentable con aquello de “un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad” de esa generación.
—Los cuatro actores del elenco tienen la edad de los personajes y conocen de primera mano las referencias que aparecen en la obra. ¿Hay frases o diálogos que reflejen esas vivencias o esos temas?
—De los cuatro, solo uno permaneció en Uruguay. Cuando comienza su relato expresa con ironía: “Yo no me fui ni a España ni a Holanda; me quedé disfrutando la dictadura”. Otro personaje, que vive en Argentina desde hace más de cuarenta años, dice: “Ustedes creen que, como Buenos Aires está acá al lado, no extraño… ¡Extraño como un hijo de puta!”.
En otro pasaje, uno de ellos le comenta al que se fue a España: “Era la época del destape, ¿no?”. A lo que este le responde: “Sí, totalmente. Un día bajé a la playa… todo el mundo en bolas y yo con las bermudas a rayas que usaba para ir a la Ramírez”.
—¿Algo más que quieras agregar sobre el espectáculo?
—Solo invitar a la gente a ver un espectáculo divertido, con mucho humor, situaciones y perfiles de personajes muy reideros. Y que, si bien se trata, como disparador, de un encuentro de “setentones”, creo que es atractivo para todas las generaciones. Los jóvenes podrán ver en escena a sus abuelos repasando y trayendo al presente instancias de su vida que quizás desconocen o conocen muy poco.
—Supongo que se están divirtiendo mucho en los ensayos.
—Sí, totalmente. El proceso creativo —la “cocina” del espectáculo— es muy disfrutable, y más aún cuando existe un vínculo entre actores que se conocen desde hace muchos años.