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Hermandad teatral México – Uruguay

Mylene |

Hermandad teatral

México – Uruguay

Felipa. Un relámpago en la oscuridad

Una obra de memoria y resistencia en una comunidad indígena del sureste mexicano

Teatro de La Rendija acaba de poner en escena Felipa. Un relámpago en la oscuridad, un unipersonal que aborda la historia, la identidad y la resistencia del pueblo maya a través de la lideresa Felipa Poot, una mujer nacida en la hacienda Santa María, cerca de la comunidad de Kinchil, Yucatán, en 1903.

El montaje se realizó en el marco del XXI Festival de Monólogos: Teatro a una sola voz, que cuenta con una importante circulación escénica del teatro unipersonal en México, con presentaciones en 21 sedes federales y 21 agrupaciones. Promovido por el gobierno de Claudia Sheinbaum, convierte cada escenario en un espacio donde la voz individual dialoga con la memoria colectiva y se transforma en acción pública.

Entre las propuestas seleccionadas, Felipa. Un relámpago en la oscuridad, aborda la vida y el legado de Felipa Poot Tzuc, maestra, sindicalista y activista maya yucateca, cuya labor estuvo ligada a los movimientos agrarios, educativos y comunitarios de la primera mitad del siglo XX. La obra propone una reflexión sobre la memoria histórica y la vigencia de las luchas sociales emprendidas por las mujeres indígenas en México.

Interpretado por la actriz de ascendencia maya Katenka Ángeles, el monólogo reproduce diferentes momentos de la vida de Felipa: a los 8, 19 y 33 años, coyunturas en las que debió enfrentar un tiempo especialmente difícil para las mujeres, cuando prevalecían los trabajos forzados y la violencia del sistema de peonaje entre la población indígena.

A través de escenas que alternan recuerdos, testimonios y momentos de lucha, se retrata la infancia de Felipa, marcada por el trabajo arduo, la violencia familiar y la opresión en las haciendas henequeneras. La historia avanza mostrando su despertar político y social, su papel como maestra y líder comunitaria, y su participación activa en la defensa de los derechos de las mujeres y campesinos frente al cacicazgo y la explotación. Felipa se convierte así en símbolo de resistencia, enfrentándose al patriarcado y la injusticia, mientras organiza cooperativas y lucha por la autonomía de su pueblo.

El montaje está dirigido por la actriz y dramaturga Raquel Araujo Madera, fundadora del Departamento de Artes Escénicas del Instituto de Cultura de Yucatán y directora de La Rendija. Originaria de Mérida, Araujo, también coescritora de la obra, expresó que la labor de Poot como defensora de las comunidades mayas la cautivó. “Felipa fue una mujer extraordinaria, que luego de vivir la esclavitud de facto en su niñez, se convirtió en líder de su comunidad en Kinchil, donde enseñaba a leer y escribir en maya y español”. Por ello, dijo, “es triste e impactante su asesinato a los 33 años en su poblado natal, por defender los derechos de su gente”.

Araujo identifica paralelismos con el contexto actual. “Veo a personas como la familia de Felipa que sigue en Kinchil y que desde el seno de su comunidad defiende sus tierras contra el avasallamiento de las inmobiliarias y las compañías de bienes raíces. A gente como Lucero Flores, en Tecoh, que moviliza a niños y niñas en actividades culturales”.

La propuesta escénica integra poesía en lengua maya escrita por Sasil Sánchez poeta, editora y activista digital maya, y está ambientada con la música original de Germán Romero. Dos elementos que trazan un retrato íntimo y que se complementa con el diseño sonoro de David Puc, la escenografía de Óscar Urrutia y el diseño de vestuario de Elena Martínez Bolio. El cuidado de la experiencia visual y sonora enmarca la actuación de la protagonista, que recorre desde la infancia de la activista maya hasta su periodo como líder social.

El proyecto, narra Araujo, inició en 2016 cuando Felipa apareció brevemente como un personaje en otra obra de su autoría, titulada El siglo de las mujeres. Ya entonces surgió el deseo de compartir una historia marcada por la opresión, pero también por el empoderamiento y la lucha de las mujeres indígenas yucatecas, lo que derivó en el guion coescrito por la dramaturga Ana Lucía Ramírez.

El texto se sustenta en evidencias documentales, lo ficcional y en testimonios de la familia de Felipa Poot, así como en procesos colectivos y laboratorios creativos, según explicó David Hurtado, director adjunto de la obra.

A su vez, la protagonista, Katenka Ángeles, señaló que su actuación ha representado un reto profundo, y el proceso le ha permitido reafirmar la identidad heredada de sus antepasados, considerando a Felipa Poot un estandarte que vale la pena mantener vigente en una sociedad que aún tiene mucho por aprender, especialmente entre las juventudes, en quienes reconoce un interés por recuperar el conocimiento sus ancestros y la esperanza de una vida digna.

 

 

Nosotros íbamos a cambiar el mundo,
de José Emilio Hernández

¿Qué harías si tuvieras un poco más de tiempo? Esa pregunta está en el origen de Nosotros íbamos a cambiar el mundo, un monólogo que ocurre en un futuro distópico; una obra que mezcla humor con apuntes de la realidad actual y ofrece una conjugación armoniosa entre elementos simbólicos provenientes de la ciencia ficción y situaciones llenas de ingenio mexicano, con una historia de amor y reflexión sobre cómo la realidad afecta a los seres humanos en su búsqueda por darle sentido a la propia existencia.

Escrita por José Emilio Hernández y dirigida por David Jiménez Sánchez, la obra es parte del XXI Festival de Monólogos: Teatro a Una Sola Voz, y alude a la historia de dos personajes, Luis Eduardo y María, ambos interpretados por el actor Luis Eduardo Yee.

 

Un día Luis Eduardo despierta y se da cuenta que María, el amor de su vida, ha desaparecido después de una discusión. Inmediatamente, él es reclutado de manera forzada por una organización internacional, y se entera que ha sido seleccionado para viajar en el tiempo en el marco de un programa impulsado por el gobierno de Estados Unidos, que tiene una presencia militar en su país, México. El protagonista deberá enfrentar los problemas causados por una organización gubernamental extranjera, que está acelerando el fin del mundo.

 

La anécdota nos acerca a las relaciones amorosas, los finales inevitables y el sentido de la vida. En un paisaje creado por escenas que corresponden a siete acontecimientos diferentes, que van desde la desaparición de María hasta una mujer apedreando la estatua de Lucian Blaga en Bucarest, conviven memoria, ficción, historia del arte y catástrofes globales que se entrelazan en un escenario posapocalíptico, donde lo personal y lo colectivo se funden en un intento por comprender el presente.

Sobre el montaje, su director, Jiménez Sánchez, explicó: “Para darle coherencia a la historia, creamos un diseño de la escenografía cuyos elementos fueron elegidos para resolver el planteamiento del ambiente futurista y la referencia a la ciencia ficción, pero sin parafernalia ni el uso de recursos que desborden la trama; por el contrario, son usados de manera muy sencilla. Por ejemplo, el momento en que ocurre un viaje al futuro, es una escena que sucede sin grandes aspavientos”.

 

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