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Entrevista: Graciela Escuder

Mylene |

Entrevista: Graciela Escuder

ENTREVISTA A GRACIELA ESCUDER


“Nos interesaron los temas de discusión intelectual que se plantean. ‘La hora vertical’ es el momento en que la medicina de guerra tiene que intervenir en un desastre y logra ser útil”

 

Graciela Escuder, integrante de El Galpón, en su rol como directora ha estrenado varios autores internacionales en las salas de la institución. Ahora nos trae a un prolífico y destacado autor británico con una obra que, en el contexto de la guerra con Irán, adquiere renovada vigencia.

Luis Vidal Giorgi

—Este autor británico, David Hare, que además es guionista de cine, ha sido representado solo un par de veces en nuestro país. Quizás también lo recordemos por ser el guionista de aquella excelente película Las horas, protagonizada por Meryl Streep, entre otras actrices. ¿Cuáles fueron los elementos que te atrajeron de La hora vertical para representarla?

—Nos interesó este autor británico, muy representado, porque aborda el tema de la guerra en una obra escrita en 2006, pero que puede aplicarse a la actualidad. El autor elige personajes que están en tensión constante. En este caso, los tres principales son Nadia, rumano-norteamericana, profesora universitaria y excorresponsal de guerra; su novio, Philip, médico, a quien le atrae el modo de vida norteamericano; y el padre de este, Oliver, también médico y británico, que vive solo en Gales y a quien resuelven visitar. Philip no tiene una buena relación con Oliver: es un padre abandónico, engañó a su madre, es un seductor permanente y un setentista, partidario, por ejemplo, del amor libre. Todo aquello de lo que Philip reniega. Él lleva a Nadia, profesora de Ciencias Políticas, a pasar unas vacaciones en Gales, donde vive su padre. Y surge la seducción que Oliver ejerce sobre Nadia, la mujer de su propio hijo, porque para ella, como profesora, es importante discutir el tema de la guerra con profundidad. Ese es uno de los atractivos de la obra. Además, Nadia es asesora presidencial y con Oliver discuten como contendientes y antagonistas.

 

—En algunos comentarios sobre sus obras se destaca el logro de aunar historias personales con acontecimientos históricos. ¿Cómo se expresa ese aspecto en La hora vertical?

—Nos interesaron los temas de discusión intelectual que se plantean. La hora vertical es el momento en que la medicina de guerra tiene que intervenir en un desastre y logra ser útil. También lo interpretamos como el momento en que alguno de los personajes cambia radicalmente su manera de ser o de vivir. Nadia es una defensora de la invasión de Irak y piensa como una estadounidense: allí hay una dictadura, los ciudadanos son perseguidos y torturados y, por eso, interviene Estados Unidos, como hizo en Corea o en Vietnam.

—David Hare señala sobre el contexto de su obra: “Si me preguntan si desearía que Irak estuviera en el estado actual, ¿quién podría estar cuerdo y desear eso? Saben, cada noche la frase que se aplaude y, de hecho, algunas noches detiene el teatro durante unos 45 segundos, es cuando al doctor, interpretado por Bill Nighy, le preguntan por qué estaba en contra de la guerra y él dice: ‘Sabía quién sería el cirujano, así que tenía una idea de cómo iba a ser la operación’”. ¿Hay alguna frase o situación especialmente significativa de la obra?

—Uno de los momentos significativos es cuando Nadia se sorprende al hablar con un estudiante que le dice que no le interesa la ciencia política, que va a la universidad porque su padre lo obliga. Pertenece a una de las familias más ricas de Maine y agrega que va a manejar empresas, por lo que tiene que saber algo de política y algo de Freud para poder manejar a la gente. Recordemos que Maine es uno de los estados donde se concentra la industria armamentística. Eso es también el triunfalismo: Estados Unidos siempre gana y va a seguir ganando. Y los países que no estén con Estados Unidos no van a ganar; los que estén con él, sí.

Por otro lado, también hay una estudiante afrodescendiente cuya tesis cuestiona la guerra impulsada por Bush. Sostiene que la hace no porque tenga razón, sino porque tiene la fuerza, y eso alcanza para hacerla. Esto influye en lo que Nadia va elaborando en su pensamiento, pues ella misma ha sido corresponsal de guerra y ha visto en directo los desastres y las atrocidades.

También hay una cita que Nadia hace sobre el odio ancestral. Con esas palabras, justifica que son esos odios ancestrales los que llevan a todos esos locos a matarse entre ellos. Entonces, ¿podemos hacer algo? No, no podemos hacer nada. Pero para ella esta conclusión es muy desagradable y contradictoria, pues enseña en sus clases que la política consiste en mediar entre grupos opuestos.

 

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