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Entrevista: Sebastián Martinelli

Mylene |

Entrevista: Sebastián Martinelli

Sebastián Martinelli:


“La obra plantea que atravesar los miedos es parte del crecimiento. A través del juego, la fantasía y el encuentro con estos personajes, la niña logra resignificar aquello que la asustaba”

 

Julieta Lucena (1990) y Sebastián Martinelli (1988) son egresados de la última generación de la Escuela de Arte Escénico del Teatro Circular (2016). Desde entonces, se han ido desempeñando con mayor responsabilidad, tanto en lo artístico como en lo institucional, en la gestión del propio teatro. Ahora emprenden una propuesta conjunta como directores de una obra para las vacaciones de julio. Conversamos con Martinelli al respecto.

Luis Vidal Giorgi

 

—El Teatro Circular hace tiempo que no propone para las vacaciones una obra para niños, lo cual es un acontecimiento bienvenido. ¿Cómo surgió esta idea que, junto a Julieta Lucena, vas a dirigir?

—La idea surge de las ganas de volver a abrir un espacio del Teatro Circular hacia las infancias, un público con el que hacía tiempo no se trabajaba en la programación de vacaciones. Sentíamos que era una oportunidad muy valiosa para acercar una propuesta que tuviera la identidad del teatro, pero pensada desde otro lenguaje y para nuevas generaciones.

La dirección junto a Julieta Lucena nace también de una gran admiración por su trabajo. Para mí, Julieta es una gran directora de teatro: siempre admiré su mirada, su sensibilidad y la forma en que construye universos escénicos. Me interesaba mucho poder compartir este proceso con ella, porque esta obra necesitaba justamente esa combinación entre lo poético, lo visual y la profundidad en el trabajo con las emociones.

Desde el comienzo pensamos una propuesta que no subestimara a las niñas y los niños, sino que pudiera hablarles de temas importantes como los miedos, el crecimiento y la imaginación, utilizando las herramientas del teatro para crear un mundo en el que pudieran sentirse parte del viaje.

—El título hace referencia a los miedos, ¿cómo es la historia que se cuenta y cómo se plantea ese tema?

—La historia está centrada en Lupe, una niña que atraviesa una etapa de descubrimiento y comienza a expresar algunas inquietudes y temores propios de la infancia. La obra parte de una situación cotidiana: su casa, su vínculo con su madre y esos momentos en los que aparecen preguntas, inseguridades y miedos que muchas niñas y niños pueden reconocer.

A partir de la llegada de un personaje que le entrega un portal, Lupe inicia un viaje hacia un mundo onírico en el que se encuentra con diferentes miedos que forman parte de su imaginario y también de la tradición popular uruguaya. Cada uno de estos miedos aparece representado como un personaje con su propia identidad, su propio universo visual y musical.

La propuesta no busca mostrar el miedo como algo negativo o algo que haya que eliminar, sino como una emoción que puede ser mirada, comprendida y transformada. Durante el recorrido, Lupe descubre que aquello que parecía estar afuera en realidad tenía mucho que ver con lo que ella sentía internamente.

La obra plantea que atravesar los miedos es parte del crecimiento. A través del juego, la fantasía y el encuentro con estos personajes, la niña logra resignificar aquello que la asustaba y volver a su mundo cotidiano con una nueva mirada: ya no necesita escapar de la oscuridad, porque aprendió a verla de otra manera.

—También la propuesta, además del texto, incluye una fuerte formulación en lo visual. ¿Cómo se expresa ese énfasis en el espectáculo?

—El énfasis en lo visual aparece desde la construcción del universo al que ingresa Lupe cuando atraviesa el portal. La obra propone un pasaje desde un espacio cotidiano, como su habitación, hacia un mundo onírico donde la imagen adquiere un lugar central.

La puesta está construida a partir de una combinación de escenografía de sombras, iluminación, colores y distintos recursos visuales que buscan generar una atmósfera de fantasía. El portal, un gran aro con luces, funciona como elemento simbólico y también como puerta real hacia ese otro universo.

Uno de los recursos principales es el teatro negro, que permite crear momentos en los que aparecen objetos y personajes con una lógica casi mágica. En este caso, la propuesta opta por no ocultar completamente el artificio, sino dejar parte del mecanismo visible, para que las niñas y los niños puedan comprender que están frente a un juego teatral. La intención es que lo desconocido no genere temor, sino curiosidad y disfrute.

Cada miedo que aparece en el recorrido de Lupe tiene su propio lenguaje visual, acompañado además por música y canciones, creando pequeños mundos dentro de la obra. Así, la imagen no funciona solamente como decoración, sino como una forma de narrar: las luces, las sombras y los cuerpos ayudan a contar el proceso interno de la protagonista y su transformación.

—¿Alguna frase o situación significativa de Lupe en la obra?

—Hay un momento muy significativo hacia el final del recorrido de Lupe, cuando logra comprender que el miedo no es algo que esté solamente afuera, sino que también tiene que ver con cómo lo miramos y con la confianza que vamos construyendo en nosotros mismos.

 

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