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Hermandad teatral : Mexico Uruguay

Mylene |

Hermandad teatral : Mexico Uruguay

Hermandad teatral México – Uruguay


Luis de Tavira, el Capitán Marcos y el teatro como espejo

En una carta/homenaje al legendario creador escénico mexicano Luis de Tavira, el capitán Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) afirmó que “el teatro es un espejo que refleja lo mejor y lo peor de la humanidad; que interpela a la imaginación del espectador y lo vuelve cómplice embozado tras un aplauso o una rechifla, o un reclamo iluso de ‘¡devuélvanme el costo del boleto!’”.

El dramaturgo De Tavira (Ciudad de México, 1948) fue homenajeado recientemente por la comunidad artística en el teatro capitalino El Milagro, y, en esa ocasión, su hija Marina leyó el texto que enviara el otrora Subcomandante Marcos, renacido en Capitán de la organización político-militar campesina indígena de Chiapas, donde define al teatro “como diversión, denuncia, imagen de época y cultura, como reflexión y pedagogía”.

El icónico líder guerrillero, quien con su botarga compuesta por una gorra castrense con una estrella roja, un pasamontañas, una cartuchera en bandolera y una pipa raída diera voz a los indígenas mayas del sureste mexicano que se levantaron en armas el 1 de enero de 1994, dijo que “esta celebración, en la que el maestro (Luis de Tavira) viene siendo como el pretexto, nos plantea varias cuestiones. A saber: ¿qué es lo que posibilita que converjan, en una geografía y un calendario, comunidades tan distintas y lejanas?”.

A lo largo de estos 30 años, el EZLN ha realizado múltiples encuentros de carácter sociocultural emancipador en San Cristóbal de las Casas y en los “caracoles” de la selva Lacandona, y por eso Marcos enlazó comunidades artísticas tan disímiles, como la que se reunía en la ciudad de México para homenajear a De Tavira, con otras muy alejadas, geográficamente, integradas por hombres y mujeres de pueblos originarios de raíz maya: las comunidades zapatistas. Dijo que ambas comunidades, “aunque diferentes, coinciden y se encuentran sin dejar de ser lo que son. Y un maestro teatrista, Luis de Tavira, fue el convocante involuntario”.

Abundó que “todo esto viene al caso, o cosa, según, porque, en el pasado semillero (espacio de encuentro, reflexión y formación convocado por el EZLN), De Pirámides, de Historias, de Amores, realizado en diciembre de 2025 en el caracol Jacinto Canek, Don Luis de Tavira, el maestro, fue el único que entendió lo que pretendimos al introducir, en los temas, los del amor y el desamor”.

Expresó que cuando le escribió invitándolo, le dijo que lo más probable era que ninguno de los ponentes tocara esos puntos, además de él.  Y que no tenía por qué preocuparse de eso. Pero De Tavira entendió inmediatamente que eran precisamente esos “los temas más importantes de ésa y de todas las reflexiones habidas y por haber”. “El maestro aceptó el reto (en realidad, el teatro en sí es un reto). Y su participación, a la lejanía —como estas palabras—, centró el misterio por develarse: el amor y el desamor”.

Y añadió: “Brillante, como de por sí, el maestro reveló y rebeló el leitmotiv de la historia humana, de sus éxitos y sus fracasos, de sus ascensos y caídas, de guerras escondidas detrás de desamores y de amores escondidos detrás de guerras, de resistencias y rebeldías”.

Luis de Tavira y el capitán Marcos, al centro, durante el Encuentro de arte, rebeldía y resistencia realizado en San Cristóbal de las Casa, Chiapas, en abril del 2025. Foto La Jornada.

 Marcos señaló que “a diferencia del cine, las artes gráficas, la escultura, la literatura y la arquitectura, por ejemplo, donde el acto artístico se crea en un espacio diferente a donde se confrontan con las personas escuchas-videntes y no videntes, el teatro se relaciona con lo otro en una situación espacio-temporal especial. Lo que hace que la geografía y el calendario sean creados también como parte de esa creación artística. Así, cuando se dice ‘teatro’, se refiere lo mismo a la obra representada y al espacio donde se confronta a veces”.

Manifestó que “el arte dramático, como la danza, representa un reto mayor. Y más: en el teatro confluyen, en el instante fugaz de la representación, multitud de factores: las partes que el todo reclama para constituirse en arte. La iluminación, el vestuario, la escenografía, la sonorización, y hasta los anuncios, el boletaje y el acomodo de los asistentes”.

Y refiriéndose a De Tavira, sostuvo Marcos: “Celebramos así no sólo que sus cercanos saluden al maestro; también, y, sobre todo, manifestamos el abrazo de quiénes, sus lejanos, lo pensamos”.

 

 

El teatro zapatista y la idea de “el común”

 

Frente a “la maquinaria de muerte de un sistema cuya voracidad no tiene límites”, las comunidades indígenas zapatistas en resistencia sostienen que las obras de teatro, las artes plásticas, la música, la poesía son el “único camino”. Por eso, en la práctica, desarrollan todas esas variables desde “El Común”, un modelo de gestión comunitaria y propiedad colectiva de la tierra, implementado por la comandancia del EZLN en Chiapas, México.

Tal es el caso de la obra La naturaleza se revela y se rebela, presentada por un centenar de jóvenes provenientes de los 12 caracoles de la organización político-militar, en la cual, ataviados con bellos disfraces confeccionados por ellos mismos, explican cómo les afecta la destrucción del planeta y la mercantilización de la vida. La puesta en escena habla, también, del agua, fuente de vida contaminada y cada vez más escasa, y de la Tierra, que sufre por la minería, la contaminación, los agroquímicos y mucho más. Ante eso, los seres de la Tierra deciden organizarse y defender la vida en colectivo. Cuando los empresarios llegan con sus portafolios, su avaricia, su maquinaria y sus obreros, los insectos primero y después todos los animales los atacan y los ahuyentan. “La vida es común, común es la vida; ahora nos toca recrear y renacer otra vida, y eso debe ser en común”, dicen.

A su vez, la obra de teatro El amor en la tormenta y el día después, creada por jóvenes de los caracoles de La Realidad, Oventic, La Garrucha, Morelia, Roberto Barrios y La Unión, explora la privatización de la tierra en comunidades hermanas, no zapatistas, que conduce a su subdivisión generación tras generación, hasta que se vuelve imposible vivir de la misma. La trama explora, también, la exclusión de las mujeres de la propiedad de la tierra; la descomposición social, la delincuencia, la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución; la migración y la venta de la tierra ante las deudas. Hacia el final de la obra, una comunidad hermana busca a los zapatistas, quienes los orientan con ideas y capacitación en la construcción de la autonomía en común.

Así, la propuesta de “el común” va más allá de la no propiedad de tierras recuperadas. La colectividad de lo común se extiende a todos los aspectos de la vida: la salud, la educación, la justicia, el autogobierno, la creación y reproducción de mundos por doquier “que sean semillas para el florecimiento de una humanidad otra el día después” tras el colapso de nuestra civilización.

La práctica de “el común” en el zapatismo, es el fundamento de su construcción desde los tiempos de la clandestinidad. La organización y el trabajo colectivos han sido desde sus inicios la base de todo el caminar zapatista y de la construcción de la autonomía, desde el autogobierno y la justicia autónoma hasta la salud y educación autónomas, la soberanía económica, la comunicación, la agroecología y todas las formas de resistencia y rebeldía.

Durante sus presentaciones, las obras de teatro y demás creaciones artísticas de las comunidades zapatistas en rebeldía elaboran aún más la idea de “el común”. Y la comandancia armada, las autoridades civiles y las y los promotores de educación y salud comparten el sentido y la genealogía de la idea del común, que se deriva no del marxismo ni de cualquier otra teoría de origen europeo, sino de la experiencia de los abuelos y abuelas de los pueblos originarios.

 

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