Nunca he estado en Dublín
Una comedia donde sobrevuela una gran mentira
La cartelera teatral mexicana suma una nueva propuesta de comedia con el estreno de Nunca he estado en Dublín, una puesta en escena que apuesta por el humor irreverente y la observación minuciosa de la vida familiar.
Escrita por el dramaturgo Markos Goikolea, la obra llegará a los foros bajo la producción de Ajedrez Escénico. Adaptada y dirigida por Marco Pacheco, Nunca he estado en Dublín explora, con humor ácido, las relaciones familiares, la mentira y la construcción de realidades propias para evitar el dolor y las expectativas sociales.

Se trata de un texto divertido sobre una familia que se reúne la noche de Navidad, y en la que Luz María y Javier intentan recomponer los lazos con sus hijos tras años de distanciamiento. Sin embargo, durante el encuentro se arma tremendo lío y los padres van a tener una sorpresa que no se esperaban.
Si bien cada personaje construye su propia realidad, la obra deja planeando una pregunta: ¿hasta qué punto somos capaces de convivir con las quimeras de los demás?
La noche de Navidad, Elena, la hija menor de la familia Amesti, vuelve de Londres después de tres años sin contacto con sus padres. Pero no llega sola, viene con Cindy, su novia irlandesa que todos están deseando conocer.
Lo que nadie se imagina es que Cindy es un personaje invisible. Una fantasía de Elena que pondrá patas arriba el frágil equilibrio familiar, en cuyo seno estallará una disputa en torno a aceptar o rechazar a esa extraña invitada. Así, lejos de la añorada armonía navideña, la reunión se convierte en un espacio de confrontación emocional.
El elenco está encabezado por Mónica Huarte y Silverio Palacios, acompañados por Miguel Tercero y Daniela Méndez,
Acerca de su personaje, la actriz Mónica Huarte comenta que “es una mamá controladora como ella sola; trata pésimo al marido; lleva su casa, pero es una mujer rota, porque, además de la ausencia de su hija, tiene un hijo que no acepta que su exmujer ya no lo quiere y a su nieto no lo ve nunca. Sin embargo, tiene máscara de ‘yo todas las puedo’, pero poco a poco durante la cena se despoja de la careta”.
El resultado es una noche delirante en la que cada uno sacará a relucir sus propias fantasías y miserias. Y a pesar de las dificultades para aceptarse entre ellos, veremos que, en realidad, todos buscan lo mismo: una ilusión que les ayude a vivir.
Lejos de la comedia superficial, la propuesta se construye a partir de situaciones cotidianas que ponen en evidencia la fragilidad de las relaciones familiares. El humor, a veces absurdo, a veces incómodo, funciona como un recurso para exponer tensiones profundas: expectativas no cumplidas, identidades cuestionadas y vínculos que nunca terminaron de sanar.
La obra también plantea una interrogante central: hasta qué punto la vida personal está condicionada por las expectativas familiares. En ese sentido, el montaje invita al espectador no solo a reír, sino a reconocerse en los conflictos que atraviesan los personajes.
Con antecedentes exitosos en España y Argentina, Nunca he estado en Dublín llega a México con una propuesta escénica integral que incluye diseño de iluminación y escenografía de Leticia Olvera, música original de Maglog Orozco y vestuario de Bris
Las plumas que nos contaron
Aunque no es una obra de teatro específica, Las plumas que nos contaron hace un recorrido editorial sobre las voces que dieron forma a la dramaturgia mexicana.
Producida por la Cartelera de Teatro, abarca desde el siglo XIX hasta la época moderna, contextualizando cómo una serie de escritores utilizaron la pluma para construir la identidad nacional de México desde la escena crítica, resaltando el papel de autores que narraron la historia desde perspectivas humanas y sociales, alejándose de las visiones épicas tradicionales.
La serie de dramaturgos está disponible en la “Cartelera de Teatro” como un ejercicio de memoria histórica. Entre las “plumas” que influyeron en la literatura y el teatro mexicano moderno, destacan, junto a otros:
Vicente Riva Palacio: El autor que plasmó la historia nacional mexicana y la subió al escenario
Vicente Riva Palacio (1832–1896) fue un periodista, escritor, historiador, militar y político liberal mexicano. Su labor intelectual combinó la investigación histórica con la narrativa y el teatro, convencido de que la construcción de una nación también pasa por la manera en que se cuenta su pasado. En su dramaturgia y narrativa histórica recurrió al pasado colonial y virreinal para reflexionar sobre el poder, la justicia y la identidad mexicana. Para él, escribir era una forma de intervenir en la memoria y en la definición cultural del país.
Una de sus obras más emblemáticas fue Politicomanía (1862), una comedia satírica en la que Riva Palacio critica el oportunismo y la agitación política de su tiempo, así como la postura conservadora de ciertos sectores de la clase media. A través del humor y la exageración, exhibe cómo la política puede convertirse en espectáculo y vehículo de ambiciones personales, evidenciando las tensiones ideológicas del México decimonónico.
Riva Palacio sigue siendo relevante, ya que su obra demuestra que el teatro y la literatura pueden ser herramientas para construir memoria e identidad. Al dramatizar episodios históricos, invitó a reflexionar sobre el origen de las injusticias, las luchas por el poder y la necesidad de cuestionar el pasado para entender el presente. Su escritura recuerda que la escena también puede ser un espacio donde una nación se piensa a sí misma.
Federico Gamboa: El realismo que incomodó a la escena mexicana.
Originario de la ciudad de México, Federico Gamboa (1864–1939) fue un escritor y diplomático que está considerado una de las figuras centrales del realismo y el naturalismo en la literatura mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX. Entendió la literatura como una herramienta para construir la identidad cultural de México, representando un cambio de mirada hacia una realidad más cruda y directa que incomodó a la escena mexicana, alejándose del ideal nacionalista para observar las desigualdades sociales y las tensiones de la modernidad a finales del siglo XIX.
Entre sus obras más relevantes figura La venganza de la gleba, estrenada en 1905 en el teatro Renacimiento de la Ciudad de México. Considerada su mejor aporte al teatro, la trama está centrada en temas de justicia social y diferencias de clase, reflejando el estilo naturalista del autor.
Gamboa abrió camino a una dramaturgia más realista y crítica. Su obra recuerda que el escenario también puede ser un espejo capaz de confrontarnos con las realidades que preferimos ignorar.
Rodolfo Usigli: El nacimiento del teatro mexicano moderno
Rodolfo Usigli (1905–1979) fue un dramaturgo, ensayista y diplomático que está considerado como uno de los principales teóricos del teatro mexicano. Se estima que sus obras llevaron a la construcción de un teatro consciente de su papel en la vida cultural del país.
En la primera mitad del siglo XX, México no solo buscaba entender su historia reciente, sino también representarse a sí mismo desde la escena. En ese contexto, Usigli propuso una dramaturgia crítica, estructurada y profundamente vinculada con la realidad nacional. Su obra no solo marcó un cambio estético, sino que sentó las bases de lo que hoy entendemos como teatro mexicano moderno.
Estrenada en 1938, El gesticulador es considerada su obra más emblemática. Se trata de una crítica directa a la construcción de la verdad y la legitimidad en el México posrevolucionario. A través de un personaje que asume una identidad falsa, pone en evidencia cómo el poder puede sostenerse en la apariencia y el discurso.
La obra de Usigli abrió la puerta a una dramaturgia crítica, consciente de su contexto y comprometida con la realidad social. Más de medio siglo después, sus preguntas sobre el poder, la verdad y la identidad siguen vigentes en la escena mexicana.