ENTREVISTA
“Elegir trabajar esta temática a través del humor funciona como amortiguador para exteriorizar el dolor sin regocijarnos en eso”
Anaclara Alexandrino pertenece a la última generación de egresados de la Escuela de Arte Escénico de El Galpón, una camada de artistas que viene creativamente pisando fuerte en las tres salas de la institución. Anaclara ha continuado su formación transitando de la actuación a la dramaturgia y la dirección; desde este rol encara el estreno de su obra Hay algo mejor afuera.
Luis Vidal Giorgi
—En 2020 estrenaste una obra tuya en El Galpón, Mujer:Es; luego seguiste en varios roles creativos hasta llegar a este estreno, donde te desempeñás como dramaturga y directora. ¿Cómo has continuado tu formación y actividad creadora en estos seis años?
—Sí. Mujer:Es fue una obra que escribí e hicimos con algunas compañeras de generación de la escuela de El Galpón. Si bien fue mi primera dramaturgia, no dirigí ese espectáculo. Luego de ese estreno formé parte del elenco de El Galpón durante cinco años, desempeñándome como actriz. En paralelo continué mi formación en dramaturgia y escribí mucho. De hecho, escribí una obra que nunca llegué a realizar y que tenía una escena titulada Todos los domingos pienso en renunciar. Tomé esa escena y la transformé en una obra en sí misma. Esa, años después, sería mi ópera prima como directora.
Siempre digo que me animé a dirigir por dos razones. La primera fue el impulso y la confianza de mis amigos Gerónimo Bermúdez, María Eugenia Puyol y Camila Cayota, quienes integraron el elenco de Todos los domingos pienso en renunciar y me alentaron a asumir la dirección. La segunda fue haber participado en el Taller de Investigación Escénica de Roberto Suárez. Esa experiencia fue muy significativa para mí porque habilitó y activó un espacio singular de posibilidades creativas. Fue un impulso hacia mi propia voz artística y una instancia verdaderamente transformadora.
—En esta obra también hay un micromundo femenino pleno de desafíos y resiliencias. ¿Cómo son las heridas y los sueños de estas mujeres?
—Es curioso, porque no había pensado en ese sentido de similitud. Es cierto, sí. Será que es inevitable, como creadora, que siempre haya un espejismo de una misma en el hecho artístico.
Esta obra se sitúa en una lavandería llamada Pétalos y plantea la rutina de las tres mujeres que trabajan allí. Con respecto a sus heridas, son constitutivas. Es decir, cada una de ellas tiene una búsqueda, algo que anhela y desea, algo que necesita para sanar esas heridas. Sin embargo, la obra no trata sobre la conquista de esa búsqueda, sino sobre la vida que sucede mientras tanto. Lo que vemos es su rutina, los vínculos entre ellas y sus contradicciones, la manera en que conviven con aquello que les duele.
Elegir trabajar esta temática a través del humor funciona como amortiguador para exteriorizar el dolor sin regocijarnos en eso. Como si quisiéramos tapar la tragedia con risas para intentar salvarnos de no caer en ella.
—El hecho de que una de ellas sea inmigrante nos muestra una realidad que ha crecido en nuestro país. Por ejemplo, el BPS ha informado que hay en este momento 105.000 trabajadores extranjeros que aportan. ¿De qué manera te inspiraste para este personaje?
—Para ese personaje, el de María, interpretado por Estefanía Acosta, me inspiré en una vecina que trabaja en la feria de mi barrio. Un día, conversando con ella, me contó la historia de su hijo. Ella emigró a Uruguay y pasó cinco años sin verlo. Me dijo que la última vez que había estado con él era apenas un niño y que, cuando finalmente él pudo venir también a Uruguay y reunirse con ella, ya era un adolescente que la superaba en altura. Lo que más me impactó no fue solamente la historia, sino la manera en que la contaba: con una naturalidad, una aceptación y una fortaleza muy conmovedoras. Era una experiencia profundamente dolorosa, pero estaba narrada desde un lugar de enorme sabiduría y esperanza.
A su vez, el título de la obra, Hay algo mejor afuera, también dialoga con la migración y la inmigración.
—La lavandería en la que sucede la obra, señalás, es una especie de metáfora. ¿Qué implicancias tiene?
—La lavandería funciona como una metáfora de los procesos de limpieza y transformación que todas las personas atravesamos. En el local entran prendas con manchas que se lavan, se clasifican y se devuelven, pero los personajes cargan con otro tipo de manchas: dolores, pérdidas, frustraciones, culpas y deseos no alcanzados.
Me interesó pensar qué hacemos con aquello que arrastramos de nuestra propia historia y cuánto esfuerzo implica desprenderse de ciertas cargas para poder seguir adelante. En ese sentido, la lavandería es un espacio muy concreto y cotidiano, pero también un lugar simbólico donde aparece la pregunta sobre qué manchas pueden verdaderamente desaparecer y qué parte de esa transformación depende de una misma. Pensando en los personajes, podría decir que cada una carga con sus propias manchas y busca, de una forma u otra, la manera de limpiarlas.
—¿Qué destacarías de la puesta en general y del trabajo de búsqueda de los personajes con las actrices?
—En primer lugar, las actrices Soledad Frugone, Estefanía Acosta y Ángeles Vázquez son maravillosas. Se han entregado absolutamente al proceso con una confianza, un respeto y una humildad que agradeceré siempre. Pudimos generar un sentimiento de grupo muy profundo y motivador. Esa es la clave para mí: el grupo y el entusiasmo colectivo por lo que estamos haciendo.
Destaco, por sobre todas las cosas, el compromiso y el humor con los que estamos trabajando. Trabajar en una comedia es algo muy generoso que tiene nuestra profesión. Hace bien reírse, esa es la verdad.
Y, por otro lado, destacaría la búsqueda de un lenguaje que oscila entre el realismo y el absurdo. La puesta construye un universo cotidiano donde las situaciones simples pueden desplazar la realidad hacia un lugar un tanto extraño o exacerbado.
—¿Algunas frases o situaciones significativas de la obra?
—“Hay que salir porque hay algo mejor afuera; si te quedás acá, no lo vas a poder ver. Cada cosa que ves a tu alrededor nunca vas a volver a verla igual. Hay veces que aparecen cosas extraordinarias, pero solo se van a encontrar contigo si salís a buscarlas”.