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Entrevista: Vladimir Bondiuk Petruk

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Entrevista: Vladimir Bondiuk Petruk

Vladimir Bondiuk Petruk:


 “Esta obra es una invitación para salir de los límites de la mente, sumergirse en el túnel de la imaginación”

 

Vladimir Bondiuk Petruk (1997), uruguayo de raíces rusas, es egresado de la Escuela de Arte Escénico del Teatro El Galpón como actor y ha ampliado su camino artístico hacia el vestuario y la dirección. En esta ocasión, realiza una puesta en escena de un autor clásico como Luigi Pirandello. En su propuesta se adentra en el mundo onírico de la obra, guiado —según sus propias palabras— por “la magia, la fantasía y lo sutil”, para reivindicar, con su belleza poética, el sentido del arte.

 Luis Vidal Giorgi

 

 

 

—El Premio Nobel Luigi Pirandello es un autor que ha dejado de representarse, por lo menos con la frecuencia de otros tiempos. Quiero recordar que su obra El gorro de cascabeles era la que se estaba representando en El Galpón en aquel 1976, año en que fue clausurado el teatro por la dictadura. Y también al gran artista Taco Larreta, quien dirigió esta obra que vas a dirigir en dos oportunidades en la Comedia Nacional, en 1957 y en 1987, a la vuelta de su exilio. Entonces, para entrar en tema, ¿cómo fue que surgió el interés de artistas jóvenes y qué fue lo que los atrajo a representar esta obra?

 —A finales de 2025, los compañeros y compañeras de Artística se contactaron conmigo para que pensáramos un texto que pudiera dirigir para la sala Atahualpa, en la primera franja de estrenos. Tenía que ser un texto clásico que me interesara. Así fue que me recomendaron que leyera a Pirandello y hablamos de varias obras; después de leer Los gigantes de la montaña, no hubo duda de que tenía que ser esta. Desde la primera lectura me sentí muy seducido por el texto, por ese universo onírico y fantástico que despliega, que te atrapa y te enreda. Es una profunda reflexión sobre nuestra profesión y el lugar del arte y la belleza en un mundo hostil.

En mi vida siempre me sentí muy identificado con la magia, la fantasía y lo sutil. Esta obra es una invitación a salir de los límites de la mente, a sumergirse en el túnel de la imaginación para que todos podamos encarnar los fantasmas que nacen de nuestros deseos.

Este año se cumplen cincuenta años de la clausura del teatro. En ese momento se estaba representando El gorro de cascabeles, otro texto de Pirandello. En este proceso hemos tenido muy presente nuestra memoria y nuestros fantasmas, a todos los artistas que estuvieron antes sobre estas tablas y que nos ayudan a pararnos ante este texto.

En 2022, cuando dirigí Historias de amputación a la hora del té, Elizabeth Vignoli me regaló una bufanda y me dijo: “Esta bufanda era de Nelly Goitiño y va a ser tu amuleto para la dirección”. Y, como una orden de una hechicera, a partir de ese momento me acompañó en cada ensayo.

En 2025, cuando buscamos las obras de Pirandello en la biblioteca del teatro, encontramos dos tomos de las obras completas que pertenecían a la biblioteca personal de Nelly, y fue desde esos libros que tomamos el texto para versionar sin tocar la pluma de Pirandello. Con la bufanda y el libro evocamos la palabra de Nelly Goitiño y la tenemos presente constantemente.

El espectáculo comienza con un recorrido por las entrañas de la sala Atahualpa, donde nos sumergimos en las profundidades de la Scalogna, visitando el arsenal de las apariciones. En este recorrido mostramos parte del vasto acervo de títeres y muñecos que acompañan a nuestra institución teatral, algunos traídos desde México durante el exilio. La tarea de recuperación, restauración e identificación la vengo desarrollando en los últimos dos años como encargado de acervos del teatro.

—En una lectura contemporánea de una obra con tono simbólico, ¿esos gigantes poderosos y brutales tienen una encarnación?

 —El autor nos prohíbe, en una didascalia, que representemos a los gigantes en escena. Si bien es una puesta contemporánea —porque es un texto clásico que dialoga con poetas jóvenes—, lo hacemos parándonos con amor e indulgencia sobre el camino de los que estuvieron antes, volviendo a formas analógicas. Por lo tanto, “los gigantes” los vamos a tener que imaginar, para poder descubrirlos dentro y fuera de la ficción.

—La obra transcurre en un espacio ambiguo, casi mágico. ¿Cómo imaginás ese universo escénico y lo vas a presentar a los espectadores?

 —Ayer estrenamos la obra y, en este momento, mientras escribo, está transcurriendo la segunda función: estamos en la escena tres del momento tercero, la escena en la que los personajes se despiertan dentro de sus sueños. Tanto el texto como la interpretación y el diseño nos sumergen en una fantasía analógica teatral.

Creo que tenemos una puesta diferente en la sala, con una utilización de las instalaciones y de las plateas pensada especialmente para poder aprovechar cada rincón de sombra y llenarlo de magia, de hechizos y de un diseño que, creo, va a sorprender. El recorrido previo es como un bosque que nos introduce y nos sumerge en este mundo donde lo esencial es la magia.

—¿Algunas frases de la obra que nos sugieran el mundo y los temas que nos presenta?

 —Por ejemplo: “Lo esencial es la magia”; “El tiempo es nuestro”; “Han llegado a destino”; “¿Qué buscan en los hombres?”.

—La figura de Ilse, la directora de la compañía teatral, que quiere representar una obra poética, parece encarnar una fe casi desesperada en el teatro. ¿La ves como una heroína, una obstinada o una figura trágica?

 —La veo como el máximo esplendor de la obstinación de los teatreros, que, contra viento y marea, remamos y remamos para sacar adelante nuestros proyectos; dejamos la sangre y el sudor para mantener nuestras salas y cumplir con la promesa de que el teatro siga en pie y ardiendo.

—En la obra hay un juego onírico entre fantasía y realidad, pero también entre el arte como destino y salvación o sacrificio ante una realidad a veces brutal. En un contexto donde prima el entretenimiento cada vez más inmediato y visual, ¿qué lugar creés que ocupa una obra como esta? ¿Es posible la poesía?

 —Es posible la poesía, es posible la belleza. Es necesario seguir parándose firmes en nuestras convicciones y salir a regalar nuestro arte y a compartirlo con los demás. A veces lo destruirán, lo querrán aplastar, pero vamos a seguir resurgiendo y vamos a seguir haciendo función. Vamos a seguir cuidando y recuperando muñecos; seguiremos abriendo baúles para continuar descubriendo el pasado y para que el presente cobre más sentido.

 

 

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