Hermandad teatral
México – Uruguay
Antígona González, de Sara Uribe
Basada en un hecho real, la masacre de San Fernando (Tamaulipas, 2010), la puesta en escena de Antígona González da vida e invita a reflexionar sobre uno de los episodios más trágicos de la historia contemporánea de México: el de la desaparición forzada de personas, y el duelo y la impunidad que le rodea y llega hasta nuestros días.
Escrita por Sara Uribe, la obra narra la historia de la búsqueda de un joven desaparecido, Tadeo, por su hermana Antígona, mediante la cual la autora establece una analogía entre el mito clásico de Sófocles y la tragedia que viven hoy las madres buscadoras, como se conoce a un numeroso grupo de mujeres militantes que recorren vastas porciones del territorio mexicano tratando de encontrar a sus familiares desaparecidos o sus restos, en medio de la hostilidad y las agresiones del Estado y de grupos antiderechos; agresiones que han implicado, incluso, la desaparición o el asesinato de varias de ellas.
La actriz Marina de Tavira adaptó el texto de Uribe, publicado por primera vez en 2012, y lo lleva a escena a través de un poderoso monólogo que va desgranando una mezcla de poesía, testimonio y denuncia, y donde Antígona se convierte en una figura colectiva; una mujer que busca el cuerpo de su hermano desaparecido, como tantas otras que recorren el país con su grito de justicia.
La obra se construye con un conjunto de voces, las que buscan, las de los desaparecidos, la de la indolencia estatal, que van exhibiendo la herida social de un país marcado por la violencia criminal homicida y la impunidad.
“Hay noches en que te sueño más flaco que nunca”, dice Antígona. “Andas solo por la noche recorriendo calles de ciudades desconocidas. Andas buscándome en la oscuridad porque intuyes que voy tras de ti”. Antígona está segura de que su hermano está muerto y, además de justicia, reclama una sola cosa: lo más cercano a la paz para ella es que la llamen una mañana y le digan que el cuerpo de Tadeo apareció. Porque la vida se la ha tragado. Debe cumplir con las rutinas, pagar los impuestos en un Estado indolente, acudir a dar clases, porque “que a una se le desaparezca un hermano no es motivo de incapacidad” y además “la vida no detiene su curso por catástrofes personales”. En el aula de clases la maestra pasa lista a sus alumnos. “Presente, presente”, repiten. Pero ella solo escucha: “Tadeo González, ausente”.
Marina de Tavira, la actriz mexicana nominada a un Oscar por su papel secundario en la película Roma, dice que siempre había querido hacer en teatro, Antígona, basada en el mito homónimo de la Antigua Grecia. Y que leer el libro de Uribe, Antígona González, fue como una revelación que la empujó a cumplir ese sueño, pero que se tardó muchos años para que el proyecto cobrara forma y se atreviera a hacerlo. Para empezar, era estar sola en escena, algo que nunca había hecho.
Con el tiempo, el texto de Uribe se fue volviendo paradigmático, y con 125 mil personas desaparecidas, es una reflexión muy actual, expresa de Tavira.
Recuerda que Sara Uribe ha dicho que es una obra que no hubiera querido escribir, y añade que “ojalá no tuviéramos que seguir montándola, que la leyéramos y dijéramos: ‘No, esto ya está superado’. Y sin embargo se ha vuelto más vigente”. En lo personal, dice la actriz, “lo único que sé hacer es levantar la voz. La obra no es un reto artístico, es la posibilidad de hablar en voz alta, de prestar mi voz y mi cuerpo para nombrar ausencias producto de la mayor tragedia nacional”.
En la tragedia de Sófocles, la trama gira en torno de Antígona, quien desafía la ley para rendir la muerte de su hermano Polinices, considerado traidor a la patria. El tema principal es la contraposición entre el orden cívico y el divino.
A su vez, en el “poema escénico” –como le llama de Tavira– de la Antígona mexicana, la búsqueda de su hermano se va replicando en un coro de voces que va reproduciendo su monólogo, y que reflejan las contradicciones entre indolentes funcionarios de los diversos niveles del Estado mexicano (federal, estatal y municipal), que no cumplen su misión de investigar los casos de desaparecidos, y el angustioso recorrido de esas mujeres buscadoras, madres, hijas, esposas y hermanas, que tratan de encontrarlos para poder cerrar su duelo.
De Tavira dice que la directora, Sandra Félix, vio una exposición con bordados hechos por personas buscadoras, una práctica común entre los colectivos de mujeres familiares de desaparecidos, y a partir de ahí comenzó a concebir la obra.
“Empezamos a hacer una investigación, porque hay un movimiento alrededor de las personas buscadoras, y vimos que se juntan para bordar y que en esa acción encuentran algo de compañía, de solidaridad. Un lugar donde poder depositar nombres, palabras, rostros”, comenta la actriz. “Bordar se ha vuelto una tarea de las personas que buscan”, por eso constituye un elemento importante para la puesta en escena: el bordado como un trabajo de memoria para visibilizar a los desaparecidos.
A su vez, Sara Uribe cuenta que escribió la obra para una directora y actriz tamaulipeca, Sandra Muñoz, cuando recién había ocurrido el asesinato de 72 migrantes originarios de Centro y Sudamérica en un rancho del municipio de San Fernando, Tamaulipas, por miembros del cartel de Los Zetas.
Las víctimas fueron secuestradas y ejecutadas tras negarse a trabajar para el grupo criminal o pagar extorsiones. El crimen fue descubierto cuando uno de los migrantes logró escapar y alertar a las autoridades y la masacre se convirtió en uno de los episodios más atroces de la violencia en México.
La cumbia del pantano,
de Aurora Cano

Con el elenco de la Compañía Nacional de Teatro de México (CNT) y como parte del programa Teatro de Arte Mexicano y de la línea curatorial Dialéctica de la diversidad, se estrenó La cumbia del pantano, una tragicomedia escrita y dirigida por la dramaturga y directora Aurora Cano, actual directora artística de la Compañía, como parte de su residencia en el Teatro del Bosque Julio Castillo.
Encabezada por Julieta Egurrola y Daniel Giménez Cacho, actores de número eméritos de la CNT– la obra pone en la mesa, mediante la cumbia, el baile y la comedia, la intimidad de los habitantes del Pantano, una nación ficticia, en medio de un ambiente festivo que utiliza piezas populares de ese género musical como “Entrega de amor” y “El paso del gigante”, que, junto con su escenografía en gran formato, sirven como un espejo de la realidad, fusionando lo cómico con lo crítico.
La obra presenta a los habitantes del Pantano, un lugar lleno de lodo, húmedo, incierto, donde se respira dificultades, pero profundamente humano; donde viven personajes que intentan sostener la esperanza de un futuro mejor.
En la trama, Refugio, administradora de un edificio, visita de manera incansable su alcaldía, tratando de hacer eficiente el suministro de agua en su cuadra; una pareja de policías enamorados intenta llegar al mar, y un grupo de activistas busca estrategias para tener mejores cosechas en las siguientes temporadas.
La acción sobre el escenario va transcurriendo de una forma que pareciera desenfadada, pero va preparando al público para importantes reflexiones en torno a la violencia y la pérdida de la esperanza, a través de diversos dilemas sociales, filosóficos y éticos que tienen como propósito detonar el pensamiento crítico en el público.
Con esta puesta en escena, Aurora Cano invita a reflexionar sobre la realidad social y política de México, presentada de manera humorística y a la vez crítica. La cumbia y el baile son elementos claves para transmitir el mensaje y crear una atmósfera festiva.
“La obra es ‘muy uruguaya’ en cuanto a situaciones, estereotipos, costumbres, perfiles, pero con la universalidad de temas que son meramente humanos, más allá de las culturas”