GUSTAVO ZIDAN:
“Me he concentrado en trabajar, por un lado, en el aporte que el instituto puede hacer a la profesionalización del sector y, por otro, en la dimensión territorial”
Gustavo Zidan (1970), egresado de la carrera actoral de la EMAD en 1995, ha orientado su actividad en los escenarios hacia la gestión cultural: se desempeñó en la producción ejecutiva de la Comedia Nacional, fue director de la Sala Verdi y trabajó asimismo en el Centro Cultural Goes, entre otros espacios. Desde marzo es el nuevo director del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE). Conversamos sobre su visión y sus propuestas para esta etapa del instituto de apoyo y difusión de la actividad escénica, fundado en 2009.
—Primero, a modo de introducción y también como recuerdo, ya que has pasado por distintos ámbitos de la gestión cultural, te propongo hacer un repaso. ¿Cuáles fueron esos espacios en los que trabajaste?
—He estado en muchos lugares vinculados a la administración pública. Comencé en la Comedia Nacional, junto a Héctor Vidal, hace ya veinticuatro años; allí permanecí casi seis años. Luego trabajé en la Sala Verdi, a la que ingresé por concurso, durante casi catorce años. En paralelo, estuve en el Centro Cultural Terminal Goes unos seis años.
También tuve experiencias como productor independiente y trabajé en instituciones privadas, como la Alianza Cultural Uruguay–Estados Unidos, donde me desempeñé como coordinador cultural en 2001. Además, tuve un pasaje por el SODRE, en el período de apertura del Auditorio. En total, llevo más de veinticinco años de trayectoria, mayormente vinculados a la administración pública.
—Pero también habías comenzado la EMAD.
—Sí, empecé la EMAD y egresé en 1995. En paralelo trabajaba como becario en el Teatro Solís, en el área de escenario. Era la gestión de Júver Salcedo y la primera administración del Frente Amplio en la Intendencia. En ese momento, Tabaré impulsó la salida de la Comedia Nacional a los barrios, y se necesitaba gente para los montajes. Para mí fue una oportunidad importante, porque no tenía trabajo: cursaba la EMAD de mañana y trabajaba de noche en el teatro.
Esa experiencia también significó un primer acercamiento a la administración pública y al hecho teatral desde otro lugar. Además, el conocimiento de los barrios es siempre muy intenso y enriquecedor.
—También es interesante conocer más sobre el INAE. ¿Fue creado durante la primera administración nacional del Frente Amplio?
—Durante el primer gobierno del Frente Amplio, en 2005, se creó un área de Artes Escénicas. El instituto, como tal, se funda en 2009. Más adelante, en 2012, se recicla el edificio que hoy ocupa. Entre los institutos vinculados a las artes que dependen actualmente del MEC —como los de música o artes visuales—, y a pesar de su relativa juventud, el INAE es el más antiguo.
—¿Recordás algunos momentos relevantes de ese proceso? ¿Cómo fue afirmándose el instituto?
—Sí, claro. Comencé a seguir su desarrollo de cerca. Conocía su funcionamiento tanto por mi vínculo con el teatro como por mi trabajo en coordinación de actividades; incluso llegamos a realizar algunas acciones conjuntas.
Cuando yo estaba en la Sala Verdi, organizábamos junto con el INAE un festival llamado Cercanías, con grupos de lo que se denominó la Liga Teatral del Litoral: Imagina, de Paysandú, y Fragmento, de Carmelo, entre otros. Era un festival muy interesante, que buscaba dar presencia en Montevideo a propuestas del interior del país.
En los últimos períodos, el instituto tuvo como directores a José Onaindia y, más recientemente, a Álvaro Ahunchain.
—¿Qué aspectos encontraste para continuar, profundizar o ampliar? ¿Cuáles son los objetivos que te planteás?
—Álvaro es una persona de teatro. Cuando yo empecé a vincularme con el teatro, él ya tenía varios éxitos y se había consolidado como una figura en la década del noventa. Ese es un punto de partida fundamental: respetar su trayectoria como hombre de teatro. Al asumir en el instituto, tenía algunas diferencias con ciertos programas o proyectos, pero en general eran más bien matices, no desacuerdos conceptuales de fondo.
Me he concentrado en trabajar, por un lado, en el aporte que el instituto puede hacer a la profesionalización del sector y, por otro, en la dimensión territorial. Una de las primeras cosas que hice fue comprar un mapa grande del Uruguay, para que todos los días, al llegar, esté presente que trabajamos para todo el país. Concebir al INAE como un organismo de proyección e incidencia verdaderamente nacional ha sido central para mí. En ese sentido, hay mucho por hacer y por profundizar.
También está el desafío de la integración. El instituto abarca distintos lenguajes: teatro, danza, circo y títeres, que muchas veces quedan relegados o subsumidos bajo otras denominaciones, cuando en realidad responden a lógicas propias.
—El gran titiritero Tato Martínez te lo recordaría.
—Sin duda, y con razón. Durante mucho tiempo tendimos a agruparlos dentro de otras áreas. Por eso queremos focalizarnos en la extensión territorial y también en una extensión conceptual, que apunte a la integración de los distintos lenguajes. Ese es un desafío importante. Cuando uno recorre el país, aparecen asimetrías muy marcadas y, además, cada región tiene sus propias lógicas.
Por ejemplo, el abordaje de la frontera con Brasil es un tema que todavía estoy terminando de pensar. Ya tuvimos una reunión con la directora del Teatro Municipal de Rivera, porque allí operan dinámicas distintas, que exigen una mirada específica.
—Hacia el interior del país hubo, desde hace décadas, cursos y apoyos a la infraestructura. ¿Cómo evaluás el impacto de esas políticas?
—Es un proceso que se ha intentado muchas veces y que siempre genera avances, aunque no siempre logran sostenerse en el tiempo. En buena medida, esa fragilidad tiene que ver con la formación. Ahí es donde, a mi entender, se produce la mayor distancia en el desarrollo. Se ve claramente en el teatro, pero también en la danza y, de manera más marcada, en el circo, que está muy concentrado en la zona metropolitana.
En danza, por ejemplo, en el interior predominan proyectos vinculados al folclore o al tango, pero hay menos desarrollo en expresiones como la danza contemporánea. Para mí, el punto de quiebre está justamente en la formación.
Por eso, este año pusimos un énfasis fuerte en salir al territorio con distintos programas. Me parecía importante retomar una lógica que ya había dado resultados a fines de los años ochenta y durante los noventa, en el contexto de la apertura democrática, como la que impulsó Thomas Lowy desde el Diario Nacional de Cultura: llevar referentes a lugares fuera de Montevideo. En aquel momento, la presencia de figuras como Levón, Zuasti, Derby Vilas o Aguilera tuvo un impacto muy significativo y contribuyó a un nuevo impulso del teatro en el interior. Ese sigue siendo uno de nuestros objetivos centrales, y ya estamos trabajando en esa línea.
Este año realizamos una convocatoria a talleres de formación continua en territorio: durante cuatro meses, diez docentes trabajaron en distintas ciudades. Además, desarrollamos lo que llamamos talleres de Alta Formación. Sergio Blanco estuvo en Colonia, Margarita Musto en Las Piedras, Marianella Morena en Maldonado, y recientemente Andrea Arroba dictó un taller en San José. El año próximo vamos a continuar con esta línea de trabajo y también con el fortalecimiento de la circulación. Daniel Jorysz está siendo el referente del INAE en territorio.
Por otro lado, tenemos un programa importante dirigido a los espacios escénicos —públicos, independientes y privados— de todo el país. Uno de los grandes problemas es la falta de programación. Si queremos generar el hábito y ampliar las posibilidades de acceso a las artes escénicas fuera de Montevideo, lo primero que tiene que existir es una oferta. Y eso, que parece elemental, muchas veces no está.
Hay salas que han sido refaccionadas o intervenidas arquitectónicamente, pero no tienen programación. En otros casos, incluso resultan inaccesibles para los propios grupos locales por razones económicas o contractuales. Un ejemplo extremo es el Teatro Florencio Sánchez de Paysandú, donde el alquiler para los grupos teatrales ronda los 50.000 pesos. Ese tipo de situaciones es lo que empezamos a trabajar con un proyecto que se llamará Escenario País, orientado a la circulación por todo el Uruguay.
También estamos pensando en profundizar la experiencia que desarrollamos con el Festival Internacional de Artes Escénicas (FIDAE), a partir de la instalación de sedes fijas en el interior. Allí logramos una muy buena articulación con las intendencias y con referentes locales. En San José trabajamos junto al Espacio Cultural Ignacio Espino, y en Paysandú con Imagina Teatro. Los niveles de convocatoria y de acercamiento del público fueron muy altos.
En ese marco, por ejemplo, la carpa del Circo Tranzat estuvo instalada durante una semana en San José. Con el circo estamos haciendo un trabajo específico de proyección: sigue estando muy ligado a una lógica social o comunitaria, más que estrictamente artística, pero creemos que hay posibilidades reales de desarrollo en ese sentido.
Otro eje importante ha sido la internacionalización. Este año, pese a las limitaciones, apoyamos a veintidós proyectos que pudieron girar en el exterior. Ajustamos algunas pautas: exigimos contrapartidas en el espacio público y establecimos que el apoyo del INAE no superara el financiamiento recibido en destino. Eso permitió focalizar mejor los recursos y acceder a circuitos relevantes. Hubo presencia del teatro uruguayo en el Festival de Cádiz, el Festival de Otoño de Madrid y Manizales, entre otros espacios. La circulación internacional, en definitiva, es también generación de trabajo para los artistas.
Finalmente, hemos fortalecido el diálogo con las gremiales. Fue una de las primeras líneas de acción: trabajamos con FUTI, ATI, FUA, RACU — que es la red de circo— y la ADU, la Asociación de Danza del Uruguay. Mantenemos un intercambio fluido, buscando generar sinergias desde espacios donde la actividad tenga un núcleo orgánico. Eso nos permite sostener un diálogo amplio y productivo.
—Nos queda por comentar la Ley de Teatro. Fue aprobada por unanimidad en el Parlamento en 2019, pero la administración anterior del MEC no la puso en funcionamiento durante esos cinco años. Ahora el Parlamento le aprobó un presupuesto —menor al solicitado—, lo que implica que el MEC actual finalmente la va a aplicar. ¿Cómo es el panorama para el INAE?
—El hecho de poder reglamentar la ley y ponerla en funcionamiento es, sin duda, un avance. A mí me tocó participar, en su momento, en las primeras instancias de trabajo junto a algunos parlamentarios, cuando se empezó a pensar la ley. La idea era tomar como referencia legislaciones de otros países —leyes espejo— y, a partir de allí, construir una norma que contemplara las necesidades del movimiento de teatro independiente uruguayo.
Creo que existen antecedentes que permiten pensar que la ley puede tener una buena proyección. Por ejemplo, el programa de Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia es una experiencia muy concreta de cogestión entre el sector público y el sector independiente, con las gremiales como referencia. Es un proyecto que articula recursos de la Intendencia, que incluso transfiere fondos que luego son administrados por las propias gremiales —FUTI, SUA, la ADU, la Asociación de Músicos—. Allí hay un antecedente claro de un funcionamiento responsable por parte de ambos sectores, el público y el independiente, y los resultados han sido positivos.
Lo mismo puede decirse de COFONTE, otra experiencia en la que confluyen recursos aportados por el Estado y otros que provienen de la tasa aplicada a los espectáculos teatrales, y que es administrada o coadministrada por las gremiales, con participación del Poder Ejecutivo. Ese tipo de antecedentes permiten ser moderadamente optimistas.
—¿Qué participación va a tener el INAE?
—El INAE preside el Consejo, ya que se trata de una designación del Poder Ejecutivo, que me designó como representante, al igual que sucede en el caso de COFONTE. De todos modos, todavía no hemos comenzado a funcionar plenamente, porque el presupuesto aún no está operativo y resta que el Ministerio reglamente la ley. El Consejo ya fue nombrado, pero estamos en esa etapa previa.
—¿Cuántos miembros integran el Consejo?
—Son siete. Dos representantes de SUA, dos de ATI —Teatros del Interior—, dos de FUTI y un representante del Poder Ejecutivo. Creo que ya en febrero empezaremos a dar los primeros pasos, cuando el presupuesto esté activo. Los fondos, probablemente, no sean los que las gremiales aspiraban a obtener, pero constituyen un punto de partida para comenzar a trabajar a partir de algunas ideas que ya estaban planteadas.
Entiendo que la ley va a aportar sostenibilidad a una parte importante de la infraestructura teatral del país. Es un programa de alcance nacional, con incidencia en todos los departamentos, no solo en Montevideo. Eso puede ofrecerle al movimiento teatral un piso, un marco de mayor previsibilidad, para no estar permanentemente preocupado por cuestiones básicas como pagar los servicios o sostener el funcionamiento cotidiano de las salas. En ese sentido, me parece un buen punto de partida. Luego habrá que ver cómo se proyecta en el tiempo.
—¿Algo más que quieras agregar sobre las perspectivas para el año que viene?
—Siempre se aspira a contar con un presupuesto mayor, pero hoy seguimos trabajando con recursos acotados y tendremos que movernos dentro de esos márgenes. De todos modos, vamos a continuar en la línea con la que arrancamos este año, apoyados en dos ejes fundamentales: la territorialidad y la profesionalización, junto con mucho diálogo, participación y encuentro con el sector, en todos sus lenguajes y expresiones.
—Y para terminar, ¿qué va a pasar con la página web de Dramaturgia Uruguaya, que había quedado sin actualización?
—La página está activa, aunque estuvo un tiempo bastante estancada. Incluso hubo un período en el que no podíamos acceder por problemas informáticos. Ahora la idea es que vuelva a crecer, porque ha sido una herramienta útil para la difusión. En ese sentido, la política de publicaciones que impulsó Álvaro durante la gestión anterior fue muy importante.
—Sobre ese punto también quería preguntarte.
—Este año no pudimos darle continuidad por razones presupuestales. No sé si vamos a alcanzar el volumen de publicaciones de años anteriores, pero la línea se va a mantener. Por ejemplo, este año difundimos los materiales en todas las bibliotecas del interior y también los llevamos a las cárceles, donde, sorprendentemente, hay un consumo muy alto de lectura teatral.
“La obra es ‘muy uruguaya’ en cuanto a situaciones, estereotipos, costumbres, perfiles, pero con la universalidad de temas que son meramente humanos, más allá de las culturas”