GUSTAVO BIANCHI:
“La sala Uno sufrió, en uno de sus sectores, daños estructurales que, ahora sabemos, van a llevar mucho tiempo y dinero reparar”
Teatro Circular de Montevideo, ubicado en la emblemática Plaza Libertad y parte del edificio inaugurado en 1900 que ocupa el Ateneo de Montevideo, cumple este mes 71 años de existencia. Además de ser una referencia en la mejor historia del teatro en nuestro país, es el primer y, actualmente, el único teatro con escenario circular en Latinoamérica. Lamentablemente, la rotura de un caño en el techo lo inundó, dejando su patrimonial sala Uno inhabilitada y en reparaciones. Conversamos con el actor Gustavo Bianchi, integrante del Circular, sobre la situación actual del teatro luego de este accidente.
—Este insuceso ha ocurrido en el año en que el Teatro Circular festeja sus 70 años de existencia, desde una primera sala hasta las dos que tiene en la actualidad. A modo de introducción, recordemos algunos momentos en la historia del Circular que marcaron su trayectoria y su destacado aporte a la cultura nacional. ¿Cuáles serían algunos aspectos que señalarías?
—Tal como decías, el Teatro Circular cumplió 70 años. Esto, de por sí, ya da una idea de la importancia de una institución cultural dentro de la sociedad. Pensemos que, en tantos años, varias generaciones de actrices y actores transitaron por esos escenarios, compartiendo determinados valores asentados desde el nacimiento del teatro, como la democratización del acceso a la cultura y la realización de un teatro de Arte.
Después de 70 años, el Teatro Circular es ya una referencia, no solo en lo artístico: es también una referencia física, enclavado en el kilómetro cero de la ciudad.
Uno de los momentos que pusieron a prueba a nuestro teatro independiente fue, sin dudas, la dictadura. Cuando una institución hermana como El Galpón fue clausurada y muchos de sus integrantes forzados al exilio, el Circular integró a su escuela a compañeros que estaban cursando en la escuela de El Galpón. Los compañeros de aquellas épocas supieron resistir, esquivar las censuras, sostener el teatro y mantener prendida esa luz que muchos uruguayos necesitaban ver.
—Hay toda una generación de posibles espectadores que desconoce, en parte, cuál es el significado y el funcionamiento de un teatro independiente, tanto en sus principios como en la organización y remuneración de sus integrantes. ¿Qué elementos identifican a un teatro independiente?
—Cuando hablamos de teatro independiente, nos referimos a colectivos teatrales que no reciben fondos permanentes de ninguna repartición del Estado. De esa manera fue fundado el Teatro Circular, al igual que otras instituciones del medio. Solamente con el aporte desinteresado de compañeros y compañeras que brindaron dedicación, tiempo y esfuerzo para construir —y hablo físicamente: construir— un teatro. Estos compañeros hacían todo, literalmente todo lo que había que hacer: desde la limpieza de la sala, la venta de entradas en boletería, la realización de escenografías y vestuarios, etcétera. Un trabajo artesanal, militante, vocacional.
Con el transcurso del tiempo, sucedieron algunos cambios. Incluso, ante el Estado es posible recurrir a ciertos fondos para financiar espectáculos o realizar mantenimiento de salas y equipos; a ellos, por supuesto, nos presentamos: algunas veces se obtienen y otras no. El teatro independiente mantiene aún esa característica.
Al mismo tiempo, se intenta, lentamente, la profesionalización de los artistas. Empiezan a trabajar con nosotros funcionarios técnicos y no técnicos, que, por supuesto, son remunerados. Los integrantes de la institución, al día de hoy, no percibimos un salario fijo por nuestro trabajo. Seguimos esperando que se reglamente la Ley de Teatro, que nos permita acercarnos, al menos un poco, a eso por lo que tanto luchamos.
—Vayamos a la lamentable situación que nos convoca y preocupa hoy. ¿Cómo fueron los hechos que causaron daños importantes en el hall y la Sala Uno?
—Concretamente, un viernes, hace ya unos tres meses, uno de los funcionarios llegó al teatro y se encontró con que, en el hall y en la Sala Uno, literalmente, estaba lloviendo.La sala se encuentra ubicada en lo que son los sótanos del Ateneo de Montevideo. Allí arriba se había producido un desperfecto en un caño de agua; al parecer, la acumulación del agua finalmente encontró una salida hacia los sótanos y comenzó el diluvio.
Esto que ahora contamos casi con humor fue, en realidad, devastador: el agua no dejó de caer durante más de 24 horas, y los daños fueron muchísimos. Se vieron afectados varios equipos, nuestro depósito de vestuario, el techo y el piso del hall, y la Sala Uno sufrió, en uno de sus sectores, daños estructurales que ahora sabemos llevarán mucho tiempo y dinero reparar.
—¿En qué estamos hoy, a un mes de cumplir los 71 años de funcionamiento?
—Lamentablemente, hasta el día de hoy la Sala Uno sigue sin poder funcionar. Fue necesario dejar pasar un tiempo para que todo se secara un poco. Recordemos que no deja de ser un sótano donde no llega la luz del sol, por lo que llevó mucho tiempo, a fuerza de ventiladores y deshumidificadores. Luego, con la colaboración de un arquitecto, empezamos la evaluación de los daños y el estudio de la reparación, que pensamos se hará en etapas. Aún debemos conseguir la financiación de esos trabajos. En eso estamos.
—¿Autoridades del Ministerio (MEC) o de la Comisión de Patrimonio —ya que el Ateneo es un edificio patrimonial del siglo XIX y, donde hoy es la Sala Dos, funcionó el Taller de Torres García— se han manifestado o colaborado?
—Apenas sucedido este desastre, se acercaron autoridades de los Departamentos de Cultura tanto de la IMM como del MEC. Enseguida se pusieron a las órdenes, y la IMM colaboró con nosotros con unos camiones para sacar el material estropeado. Como recién estamos en etapas de proyecto, todavía no hemos hablado en términos económicos. Esa es la parte difícil. Esperamos —confiamos—, llegado ese momento, poder contar con la colaboración de esas dependencias del Estado.
—El Ateneo siempre fue un centro cultural de debate entre artistas, políticos, escritores, intelectuales. Recuerdo que en los años setenta, mi padre, entre otros socios, en medio de la polarización política de la época, se retiró y fundaron otro Ateneo, que duró unos pocos años por el clima de la dictadura. Hoy parece que la institución y el edificio, como ha pasado con otros, han quedado en manos de pocos socios con intereses menos culturales y eso dificulta la relación. ¿Cómo está hoy la relación con el Ateneo?
—Teatro Circular, como dijimos, está situado en lo que son los sótanos del Ateneo, y pagamos un alquiler mensual a esa institución. Los desperfectos ocurrieron en sus instalaciones, pero afectaron casi que exclusivamente las nuestras; como propietarios, la responsabilidad debería ser del Ateneo. De todas formas, aún no hay mucho para comentar en este aspecto. A los tres o cuatro días del hecho, autoridades del Ateneo nos pidieron una reunión, conversamos sobre la situación, y en eso estamos: a la espera de la cuantificación económica de los daños y confiando en que, como institución cultural que han sido durante tanto tiempo, sepan estar a la altura.
—En un momento en que el Circular, con las obras y el canto popular, era un faro de libertad en la época de la dictadura, llegó a tener miles de socios. ¿Se van a realizar más acciones buscando el apoyo de los espectadores y de otros grupos teatrales, como acaba de suceder con Italia Fausta?
—Siempre es de resaltar —algo que conocemos bien, pero que en estas ocasiones se pone de manifiesto— la solidaridad del colectivo teatral. Varias instituciones, grupos y artistas, de forma individual, nos llamaron, se pusieron a las órdenes, se acercaron para colaborar.
Nombrar a algunos podría ser omitir a otros, pero los gestos de ayuda han sido enormes. Estamos en ese proceso y, en nuestras redes y carteleras, se pueden ver los espectáculos y acciones que, de a poco, con nuestra Sala Dos en funcionamiento, venimos llevando adelante.
El aporte de nuestros espectadores, así como de los socios, es fundamental. De esa manera se sustentó durante casi toda su vida el teatro independiente, y hoy es más que importante esa presencia.
—¿Algo más que quieras agregar?
—De nuevo, el agradecimiento al colectivo teatral. A nuestra institución hermana, Teatro El Galpón, que recibe en una de sus salas a un espectáculo nuestro para que continuemos con las funciones.
A SUA, que nos brinda un espacio para guardar lo que queda de nuestro vestuario. A quienes ofrecieron funciones a beneficio. El agradecimiento a todos y cada uno de quienes se acercaron, llamaron o pasaron un mensaje de ánimo cuando parecía que la tristeza nos desbordaba.
“La obra es ‘muy uruguaya’ en cuanto a situaciones, estereotipos, costumbres, perfiles, pero con la universalidad de temas que son meramente humanos, más allá de las culturas”