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HERMANDAD TEATRAL/ MÉXICO – URUGUAY

HERMANDAD TEATRAL/ MÉXICO – URUGUAY

México – Uruguay


 

Humanos no,

de Luis Eduardo Yee

Una realidad anestesiada y alienada por la tecnología, un futuro incierto, agonizante e inhumano. Ante este “apocalipsis”, los miembros de un “diminuto quinteto precoz” deciden hacer un manifiesto para renunciar a su condición humana. Aunque parezca una decisión arrebatada, propia de la juventud, los motivos son justificados. El vínculo entre ellos cuestiona todo aquello que no podemos dejar de ser como seres humanos.

¿Será la ausencia de la palabra el parteaguas para la esperanza de que quizás sí hay un mundo mejor? ¿Se puede renunciar a la condición humana? ¿El pensamiento y la palabra son la razón por la que hemos perdido como especie el camino?

Humanos no, de Luis Eduardo Yee, reflexiona sobre estas ideas. Es un texto que nos plantea más preguntas que respuestas y explora eso que nos hace humanos.

En la trama, cinco jóvenes deciden desligarse de su condición humana. El primer paso, intuyen, es dejar la palabra. Dejar de hablar para olvidar el lenguaje y así —algún día— dejar el pensamiento. Una de las actrices, lo explica así: “Pensar solo nos ha hecho mejores depredadores. Pensar solo nos ha dado margen a la justificación de lo absurdo y la destrucción sistemática. Es triste pensar. Es una sofisticada forma de cáncer”.

Uno por uno, los personajes irán iniciando este proceso de “conversión”, enfrentando sus propios anhelos, temores y dudas.

Bajo la dirección de Luis Ra Acosta, actúan Constanza Ballesteros, León Barragán, Ana Mcalec, Marta Rocío León y Bryant Pineda. Todos cuestionan una realidad que parece caerse a pedazos, inmersa en la tecnología y el progreso, pero cada vez menos empática. La mirada de los jóvenes sobre estos temas se expresa en este montaje y abre preguntas.

El elenco, con apenas algunas lámparas de piso y de mano, con una máquina de humo y con música, nos habla del manifiesto de este “diminuto quinteto precoz”, como se hacen llamar los jóvenes. Todo se apoya en sus capacidades actorales y corporales. Vemos a intérpretes que mantienen la vitalidad de ir comenzando su camino en las tablas, pero al mismo tiempo van perfeccionando y absorbiendo la experiencia en escena.

Con un tema que pareciera conducir solo a un callejón sin salida, se va abriendo ante nosotros una perspectiva distinta. Los vínculos, la capacidad de apreciar la belleza y lo colectivo es tal vez lo que realmente nos hace humanos y a ello no se puede renunciar.

Se trata de una compañía integrada por jóvenes que hablan de temas que los tocan. La exigencia de un escenario con tan pocos elementos y un texto que desarrolla ideas es grande. El elenco de esta obra logra —como un grupo compacto— responder a esa exigencia y lanzar preguntas que les tocan y les preocupan.

Una obra que, sin reflexión filosófica, retoma la aniquilación humana sin pausa ni sesgo, en un intento fársico que no prospera.

 

 

México – Uruguay

Fuerzas de seguridad israelíes cancelan la presentación deSueños bajo el olivo

 Amer Khalil: “Creíamos que la cultura y los niños estaban fuera del círculo violento de la ocupación”

Históricamente, el teatro ha sido un espacio vital de resistencia. Utilizando la metáfora para ejercer la crítica y buscando muchas veces rescatar la cultura de un pueblo y preservar su identidad y memoria, mediante la creación colectiva los artistas han sabido evadir la censura directa y denunciar la opresión, la falta de libertades y las violaciones a los derechos humanos, creando lenguajes simbólicos para hablar de la realidad prohibida y reconectar a los protagonistas con el público en circunstancias extremas.

Sin embargo, en situaciones dadas eso tiene un costo y no siempre se puede. Acaba de ocurrir en Jerusalén oriental bajo la ocupación israelí. Después de dos funciones durante el verano, a finales de noviembre un grupo de niños artistas palestinos padecieron terror y angustia, cuando fuerzas policiales y del ejército del Estado sionista irrumpieron en el recinto teatral Al Hakawati y cancelaron la presentación de Sueños bajo el olivo, un espectáculo familiar de música y baile organizada por el Foro Juvenil de Jerusalén. Para el montaje, la puesta en escena reunía a 70 niños (40 músicos, 15 en el coro y 15 bailarines de danzas folclóricas) de entre 7 y 14 años.

Según la información y videos difundidos por la televisora Al Jazeera y la agencia Middle East Eye, un policía ordenó al público: “No quiero ver a nadie aquí en 5 minutos”. En las imágenes se observa a varios sujetos con armas largas sobre el escenario, mientras varios niños lloran y otros permanecen asustados frente a sus instrumentos en estado de shock. Uno de ellos está vomitando y por momentos solloza. Varios infantes se muestran angustiados mientras intentan encontrar a sus familiares, rodeados por las fuerzas de seguridad que los expulsan del Teatro Nacional Palestino, un recinto cultural con 41 años de existencia.

En un video, una niña narra que durante el ensayo antes de la obra, llegó la policía y le gritó a sus maestros. Intentaron hacerlos abandonar el recinto, y como no pudieron, empujaron a las madres y los padres de los niños. Una vez afuera, les apuntaron con láseres y los fotografiaron.

Según el diario israelí Haaretz, el allanamiento fue ordenado por el ultranacionalista Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional. El periódico reportó que la postura oficial de Israel es que el espectáculo musical que se celebraba allí estaba vinculado con la Autoridad Palestina y carecía del permiso necesario.

Durante una entrevista con el periódico mexicano La Jornada, el director del Teatro Nacional, Amer Khalil, expresó que ese recinto, que abrió sus puertas en mayo de 1984, fue el primer centro cultural y escénico palestino. Dijo: “Representa la identidad y la cultura palestina y eso es algo que les asusta (a los israelíes), porque la cultura es una herramienta muy poderosa para la libertad y la lucha”.

Añadió que “la cultura palestina está amenazada. Toda Palestina está en peligro. La ocupación no termina. Se está volviendo cada vez más agresiva. Pensábamos que la cultura y los niños estaban fuera de este círculo violento, pero nada está fuera de este horror. Nos gustaría que el mundo entero viera el verdadero rostro de la ocupación”.

Khalil dijo que “lloraba al ver a los niños correr”. El trabajo que enfrenta ahora es hacer que a los pequeños “les vuelva a gustar el teatro”. “Poco a poco tendremos que conseguir que regresen después de esta mala y triste experiencia. Volveremos a Al Hakawati”.

Conocido también como Al Hakawati (que significa “el contador de historias”), el Teatro Nacional Palestino es el más importante de Jerusalén, y acoge todas las actividades artísticas y sociales de la ciudad. “Es el centro neurálgico y el hogar de los artistas palestinos y, en concreto, de los profesionales del teatro”, dijo Khalil, y explicó que el espacio intenta proteger, también, el patrimonio cultural árabe, “y por eso fue atacado”.

Khalil agregó que los uniformados entraron en la sala y empezaron a pedir a la gente que la abandonara. “Discutimos con ellos y al final se pusieron muy agresivos con nosotros y con los niños. Fue una escena dramática. Los niños estaban sorprendidos, no sabían qué estaba pasando. Tardamos como dos horas y media en vaciar la sala, porque la gente se negaba a salir. El espectáculo era familiar. Había padres, madres, abuelos, abuelas.”

Dijo que las fuerzas israelíes actuaron con mucha agresividad y enojo. “Poco a poco pudimos sacar a los niños y fue muy doloroso verlos llorando en silencio y tratando de esconderse. Estaban aterrorizados”.

A su vez, Marina Barham, directora del Teatro Al Harah, en Belén, expresó que lo que ocurrió en el Al Hakawati “no es nuevo. Ha ocurrido antes y sigue ocurriendo en toda Palestina: presión sistemática, persecución e intentos de silenciar la cultura y las artes”.

Denunció que muchos artistas y trabajadores culturales palestinos han sido sometidos a detención administrativa, sin cargos, sin pruebas y por periodos renovables que pueden iniciar por seis meses y prolongarse durante años. Refirió como ejemplo a Mustafa Sheta, titular del Teatro de la Libertad, quien estuvo un año y medio bajo detención administrativa, así como a artistas de la Escuela de Circo Palestina, de la Compañía de Danza Al Funoun y el director del Centro Cultural Ibdaa.

 

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