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Entrevista: Marcos Acuña

Entrevista:  Marcos Acuña

Avances de la temporada 2026


MARCOS ACUÑA:

“Se trata de una primera etapa de la temporada especialmente marcada por la dramaturgia nacional y por una presencia destacada de la comedia”

Marcos Acuña, egresado de la Escuela de Arte Dramático de El Galpón en 2019, pertenece a la nueva generación de teatristas que se ha integrado a la institución. Además de su actividad en el escenario, integra la Comisión Artística encargada de elaborar el repertorio; por eso, en esta entrevista adelanta la programación del año, así como las expectativas y los condicionantes para su funcionamiento.

—En enero hubo dos reposiciones de espectáculos del año pasado, que tuvieron buena repercusión de público: Personas, lugares y cosas y Las dos en punto. Para este año, ¿cuáles son las propuestas con el elenco estable del teatro?

—El 10 de enero retomamos Las dos en punto y el 17 Personas, lugares y cosas, espectáculos estrenados el año pasado que vuelven para su segunda temporada. En esa misma línea de reposiciones, el 7 de febrero vuelve El terror de parir un niño muerto, de Carla Zúñiga, con dirección de Sebastián Silvera Perdomo: una obra intensa y provocadora que, a través del humor negro, profundiza en los mandatos sociales, el cuerpo y la maternidad, y que dialogó fuertemente con el público en su temporada anterior.

La primera franja de estrenos del repertorio 2026 comienza el 14 de marzo con el estreno, en Sala Cero, de No me olvidé de lo tuyo, con texto y dirección de Enrique Vidal. La obra propone el reencuentro de un grupo de amigos que, ya en sus sesenta y setenta años, vuelve a juntarse y revive la experiencia de una banda musical que marcó su juventud. Con humor y emoción, la pieza reflexiona sobre el paso del tiempo, la amistad, los sueños postergados y aquello que permanece.

El 11 de abril, en Sala Campodónico, estrenamos Terraplanistas, un musical político sobre teorías de la conspiración y otras actividades anticientíficas, escrito y dirigido por Santiago Sanguinetti. La obra sigue a un grupo de terraplanistas que zarpa rumbo a la Antártida para demostrar que la Tierra es plana y que el continente blanco es un muro de hielo que rodea el planeta. En su travesía, toman como rehenes a científicos de una base española para obtener pruebas definitivas de su teoría. Todo esto, cantando. Con humor filoso y formato musical, la obra se pregunta hasta dónde podemos llegar para sostener una idea absurda y qué ocurre cuando nuestra identidad se construye sobre un error de cálculo.

Esta primera franja de estrenos se completa con Los gigantes de la montaña, de Luigi Pirandello, en versión de Camila Durán y dirección de Vladimir Bondiuk Petruk. La obra pone el foco en una compañía teatral precaria, casi a la deriva, que resiste en los márgenes, enfrentada a la irrupción de los gigantes como figuras de poder, fuerza y amenaza. En ese cruce entre arte y poder, Pirandello reflexiona sobre la fragilidad del hecho teatral y el lugar del arte en un mundo hostil.

Se trata de una primera etapa de la temporada especialmente marcada por la dramaturgia nacional y por una presencia destacada de la comedia, con dos títulos que trabajan claramente dentro de ese género, junto a la versión de un clásico realizada por una compañera de la casa.

—La cartelera de espectáculos extranjeros de calidad ha sido muy variada en 2025. ¿Se pueden adelantar algunas de las presencias para esta temporada?

—Este año El Galpón Internacional tendrá una presencia fuerte y sostenida dentro de nuestra programación, desarrollándose a lo largo de todo el año con propuestas diversas y de alto nivel artístico. Los distintos títulos y visitas los iremos anunciando progresivamente a lo largo del año.

La temporada internacional 2026 tuvo un gran comienzo con Poyo Rojo, que inauguró el ciclo con una sala colmada y una excelente respuesta del público, marcando desde el inicio el interés y la potencia de esta línea de trabajo.

Podemos adelantar que en el mes de marzo contaremos con dos espectáculos internacionales ya confirmados. Por un lado, el regreso de Suavecita, luego del gran éxito del año pasado, para todas aquellas personas que se quedaron con ganas de verla. Por otro, recibiremos a Sutottos con su nuevo espectáculo, Feliz día, una comedia muy divertida que viene de ser galardonada en el exterior.

Además, esperamos sorprender al público con al menos dos títulos internacionales más durante ese mismo mes. Aún no podemos anunciarlos porque no están cien por ciento confirmados, pero invitamos a estar atentos a la programación del teatro.

La idea es que, mes a mes, El Galpón continúe recibiendo espectáculos del exterior, reafirmando su vocación de intercambio, diversidad y apertura a distintas estéticas y lenguajes escénicos.

—La actividad de Extensión que realiza El Galpón convoca a miles de estudiantes de todos los niveles cada año. ¿Cuáles son las obras que estarán en el marco de esa actividad orientada a un público infantil y adolescente?

—La actividad de Extensión Cultural de El Galpón continúa siendo uno de los pilares fundamentales de nuestro trabajo, convocando cada año a miles de estudiantes de todos los niveles y reafirmando nuestro compromiso con la formación de nuevos públicos y la democratización del acceso al teatro.

Este año se mantendrán varias de las propuestas que ya formaron parte del programa el año pasado, como Karaoke Elusia, Sueño, Einstein, Pez globo, El Principito, Adolecer, El monstruo de colores va a la escuela y Feroz, feroz.

A su vez, se sumarán dos nuevos estrenos. Por un lado, La luna entre dos casas, de Susanne Lebeau, con dirección de Marina Rodríguez. Y, por otro, un nuevo espectáculo surgido a partir de una investigación escénica coordinada por el Departamento de Extensión Cultural, que busca profundizar el cruce entre creación artística, pedagogía y territorio.

Además de continuar ampliando y fortaleciendo el acceso al teatro para niñas, niños y adolescentes, nos proponemos profundizar las salidas a los barrios, una línea de trabajo que venimos desarrollando en el último período y que consideramos central para seguir construyendo una verdadera política cultural de cercanía.

—Se ha restablecido un convenio con el BROU para la bonificación de entradas. ¿Con qué otras instituciones y organismos hay convenios por el estilo?

—Venimos trabajando arduamente en la reactivación de algunos convenios que El Galpón supo tener y que, durante la gestión del gobierno anterior, fueron dados de baja. No está siendo un proceso sencillo: atravesamos años muy complejos, marcados por una severa crisis económica, que logramos sostener gracias al esfuerzo colectivo y, sobre todo, a la generosidad de nuestro público fiel, que nunca dejó de acompañarnos.

En lo personal, no dejo de asombrarme de la enorme capacidad de generosidad de la gente, de cómo muchas personas hacen lo que está a su alcance para colaborar y aportar su granito de arena a este proyecto colectivo que tanto nos importa y que forma parte de la historia cultural del país.

Además del convenio recientemente restablecido con el BROU, seguimos trabajando en la recuperación y generación de nuevos acuerdos con distintas instituciones y organismos, con el objetivo de facilitar el acceso del público al teatro y seguir fortaleciendo los vínculos que hacen posible la continuidad y el crecimiento de El Galpón.

—¿Qué expectativas hay con la aplicación de la Ley de Apoyo al Teatro Independiente, votada en 2019, pero recién ahora puesta en funcionamiento con el Presupuesto Nacional?

—Con la puesta en funcionamiento de la Ley de Teatro Independiente hay una expectativa prudente. Se trata de una conquista importante del sector: la herramienta existe, fue votada por unanimidad en 2019 y reconoce al teatro independiente como un campo específico que merece políticas públicas. Eso no es menor y es fruto de muchos años de trabajo colectivo, de la organización del sector y del impulso sostenido de sindicatos y colectivos como SUA y FUTI, que fueron actores centrales en la elaboración, defensa y aprobación de esta ley, junto al apoyo de la gente.

Al mismo tiempo, hay una mirada crítica y realista sobre su aplicación. Lo que se está implementando hoy dista bastante de lo que se discutió como necesario al momento de pensar la ley. En aquel entonces se proyectaba un fondo con un monto, sin embargo, la ley comenzará a funcionar con menos del 10 % de ese volumen. Esta diferencia genera una brecha muy grande entre los fines que la ley plantea y los recursos disponibles para cumplirlos. En ese contexto, resulta difícil que su impacto sea estructural o que transforme de manera sustantiva las condiciones de producción.

Por eso, las expectativas pasan también por poner el énfasis en las condiciones reales en las que se hace teatro independiente: la precariedad, el enorme sacrificio que implica sostener la actividad y la necesidad de que el apoyo estatal esté a la altura de ese esfuerzo. Sabemos que 2026 será un año complejo para producir y que la ley, tal como está hoy, no alcanza. Pero también creemos que su implementación puede ser un punto de partida para seguir reclamando mayor presupuesto, ajustes necesarios y una política cultural más coherente con la realidad del sector.

 

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