Entrevista central

Adhemar Bianchi: “El Teatro Comunitario crea el marco, la creatividad de la gente lo llena”

Entrevistas Centrales / 2 marzo, 2018 / Luis Vidal Giorgi

Adhemar Bianchi se formó y perteneció al Teatro Circular en los años sesenta, luego se radica en Buenos Aires en los ochenta y en el barrio de La Boca impulsa una experiencia de Teatro Comunitario con los vecinos, fundando el Grupo Catalinas del Sur que ha trascendido su territorio para ser una referencia del teatro argentino. Ahora Bianchi vuelve a Montevideo para estrenar con el elenco joven de El Galpón la obra “Lorca en las trincheras”. Conversamos sobre sus proyectos.
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-Desde aquellos inicios en los años ochenta, Catalinas del Sur no sólo se ha consolidado como grupo inserto en su medio y como referente del Teatro Comunitario, sino que ha irradiado y compartido con otros grupos su camino. ¿Cómo ha sido ese proceso del Teatro Comunitario en la Argentina? ¿Qué momentos y características destacarías?

-El Grupo Catalinas fue el primero que existió en este período como teatro comunitario. Otras formas anteriores de teatro comunitario eran los grupos filodramáticos que estaban en los clubes, inclusive los teatros independientes del interior tenían bastante más de comunitario, y el mismo teatro independiente en su origen también era más de lo que es ahora. Pero de este período y de esta forma de teatro comunitario, cuando nacimos en el año 83, éramos el único, por lo que nos dimos cuenta que era un espacio realmente importante de participación de la gente, en todo sentido; en el sentido de expresar lo que querían, en el sentido de pelear contra la sociedad, que es cada vez más del yo, para plantearse un nosotros, pero creativamente. Además, la geografía de cada lugar te permite distintas formas, no armamos una receta pero sí teníamos algo así como un mandato, que era compartir con todos los que quisieran hacerlo el Teatro Comunitario, pues pensamos realmente que era interesante que hubiera muchos grupos. El segundo grupo fue el grupo hermano Circuito Barracas, del otro barrio. Esto nos permitió entre los dos grupos armar toda una estrategia a la que llamamos “Entusiasmadores”, que consistía en ir a distintos barrios con nuestros espectáculos y, cuando terminábamos, hablar con los vecinos, decirles que estábamos contando nuestra propia historia y ayudarlos, si ellos querían, a armar lo suyo. Lo lográbamos de distintas formas, por ejemplo buscando gente de teatro que estuviera en el lugar y quisiera hacerse cargo. Esta estrategia llevó a que hoy haya en Argentina casi cincuenta grupos. Con respecto a los grupos del Interior, íbamos mucho a otras provincias; estuve casi seis meses en Misiones y allí se formaron dos grupos. Lo que cada grupo aprendió, aunque no se puede decir que nosotros lo enseñamos pero sí que fuimos quienes planteamos el concepto, es la idea de la multiplicación: cada grupo se comprometía en alguna forma a ayudar al grupo del barrio o el pueblo de al lado que así lo quisiera. Así se formó una red muy grande. Luego estuve en España, en Italia, en Brasil, por lo general el contacto es con universidades que quieren hacer un trabajo de extensión barrial, y fue así que en el exterior se armaron varios grupos. También fue así en Montevideo, junto a la Intendencia y con la base del proyecto Esquinas. Otro de los temas que marcan el proceso se relaciona con las crisis sociales. Las asambleas de 2001 hicieron que la gente de los barrios se conociera y mantuviera esa estructura colectiva y creativa, en lo político, ya que lo teatral es muchas veces político y nosotros hablamos de la memoria de cada lugar, del territorio, porque somos grupos territoriales. 2001 fue un año terrible para muchos teatros en general, pero para el Teatro Comunitario se convirtió en una posibilidad. Entonces las causas para el desarrollo del Teatro Comunitario fueron muchas y ahora este movimiento se ha expandido tanto que ya hay grupos en varios lados que ni conocemos.

-¿Cuál es la actividad que hoy lleva adelante Catalinas y qué espectáculos está presentando? -

Catalinas ha ido creciendo mucho, tanto en integrantes como en su espacio, pues hemos agregado 400 metros más de construcción como marco para la creatividad de la gente. Por ejemplo, aparecieron muchos niños y se armó un elenco que se gestó con el grupo La Colmena de Cuba, pero luego pasó a ser un proyecto propio; en este momento tiene espectáculos con 80 niños en escena. Obviamente los niños crecen y entonces armamos otro espacio para adolescentes, ellos se enganchan con el circo y la percusión y hacen sus propios espectáculos. También tenemos los títeres: el festival internacional ya va por la novena edición y vienen los mejores titiriteros del mundo. Se suma la orquesta que tiene una escuela de casi 100 alumnos por año y 60 integrantes que cantan y tocan todos los instrumentos. Todas las realizaciones tienen un sentido amateur: de amar lo que se hace, pero cuidando la calidad de toda realización de tal forma que Catalinas no tiene nada que envidiarle ni al teatro independiente ni al profesional de Argentina, por lo tanto tiene todos los premios que se dan al teatro. El crecimiento ha sido grande porque el planteo es crear el marco y lo que luego lo llena es la creatividad de la gente. Y, por supuesto, la conducción de cada uno de esos proyectos nace de compañeros formados en el grupo pero que buscan profundizar esa formación en otros aspectos y ámbitos, se van perfeccionando; entonces la conducción es muy profesional, aunque no sea profesional desde el punto de vista económico, aunque en general a todos los compañeros que toman esos roles les da para sobrevivir haciendo otras cosas, incluyéndome.

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-¿Cómo está influyendo en el accionar y los temas del Teatro Comunitario la compleja situación política y social de Argentina en la actualidad?

-La situación política es muy delicada en Argentina en este momento, porque lo comunitario está muy lejos del pensamiento profundo de este gobierno; de cualquier forma ya somos suficientemente grandes para aguantar cualquier cimbronazo. Catalinas aguantó a los militares y al menemismo, esto no nos va a voltear. Pero es complicado para la gente, los grupos comunitarios son la gente que trabaja o perdió su trabajo. Los grupos son un lugar de contención y de pertenencia en una situación preocupante. Esto está afectando mucho al teatro, a todos los que tenemos un espacio o sala, porque las tarifas se multiplicaron por cinco; por ejemplo la luz, que era muy barata siempre, ahora te puede llevar toda una semana de recaudación, ¡sólo la luz! Se complica entonces. Nosotros vamos a seguir aguantando y resistiendo. Obviamente los teatros toman todo lo que está pasando, se toma la realidad política como siempre se hizo, para hablar de ella. Por eso estamos haciendo teatro murga, que es una mezcla estrambótica del teatro, de la murga uruguaya y la argentina con la parodia, y va criticando y riéndose de lo que pasa.

-Estuviste en Montevideo desarrollando una actividad en los centros barriales con el fin de impulsar las expresiones teatrales comunitarias. ¿Cómo se fue dando esa experiencia? ¿Cuáles fueron los logros y las carencias para alcanzar los objetivos de la propuesta?

-Cuando estuve en el proyecto Esquinas de la Intendencia, que dirige Alba Antúnez, con el tema de Teatro Comunitario, hubo varios proyectos interesantes. Si me preguntás cuál es la carencia para alcanzar los objetivos propuestos, tiene que ver no con la falta de participación respecto a ideas o de pensamiento de la gente, más bien tiene que ver con una especie de comodidad de esperar a que la Intendencia les brinde todo. Es difícil lo autogestivo, pues se han acostumbrado a que el Estado no sólo le paga a los profesores ‒que eso sería lo único que no podría no hacerse‒ pero respecto a cualquier otra cosa, como la escenografía, el vestuario, todo un montón de asuntos, les cuesta entrar en la autogestión. No pasa con todos los grupos, algunos lo han logrado, otros lo lograrán más adelante. creo que la experiencia fue positiva, que el proyecto Esquinas es un proyecto realmente importante y que funciona. Por supuesto tiene que enfrentar todos los avatares que afectan a cualquier sociedad, más si en los barrios en los que se desarrolla el proyecto tiene algunos problemas sociales y de pobreza que complican las cosas, por lo menos en un sentido; en otros no, quizás sea lo contrario.

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-El espectáculo "Lorca en las trincheras" retoma y recuerda la búsqueda de un teatro popular por García Lorca, su genialidad le permitía alternar esa veta con su teatro surrealista de vanguardia, como también lo hizo en la poesía. Por otro lado, vas a utilizar canciones y títeres, que son dos elementos de gran comunicación en el teatro popular. Hablanos de esta propuesta.

-Esta propuesta nació hace un tiempo en el Grupo Teatro Hispano en Washington. Me dijeron si quería armar algo de teatro español; les propuse Lorca con los títeres, pero aclarando que las obras hay que ponerlas en su contexto, porque “El Retablo de Don Cristóbal” es muy agradable y divertido, con esa característica de “grand guiñol” que tiene, pero para que no tenga sólo la riqueza poética debe estar la riqueza de lo social, ya que Cristóbal no deja de ser el patrón, el que tiene dinero y va comprando, y también está la madre que ofrece la hija al viejo. Cuando eso se hace en el frente de Madrid, en plena guerra civil contra el franquismo, hecho por los mismos milicianos o artistas en las trincheras, adquiere otra dimensión. Lo hice en Washington y cuando El Galpón me propuso trabajar con los jóvenes del elenco enseguida se me ocurrió este espectáculo. Son como 30 personas, además están los brigadistas que cantan las emotivas canciones de la guerra. Los textos no están fuera del momento histórico, ni tampoco están fuera de lo territorial, entonces creo que “Lorca en las trincheras” del frente de Madrid, dado en estos momentos y en los homenajes que se le van a hacer con motivo de los 120 años de su nacimiento, tiene un sentido importante. Además, es una producción de El Galpón, institución que ha hecho un buen teatro político. Me parece bien interesante que esto se haga con sus jóvenes, para mí es un placer enorme, y es también una alegría hacerla con una titiritera maravillosa, que es mi propia hija, quien dirige conmigo el espectáculo. El equipo que el Galpón ha conformado es excelente, además de estar con amigos como Dante Alfonso, compartiré también con hijos de algunos compañeros de otras época. Para mí eso también es muy gratificante.

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