Nuestros setenta años desde la mirada de Carlos María Domínguez

Nota / 29 noviembre, 2019 / Carlos María Domínguez

En el contexto de los festejos de los setenta años de El Galpón, el prestigioso escritor y Carlos María Domínguez viene realizando una investigación sobre nuestra historia que va ser recopilada en un libro de pronta aparición. Nos pareció oportuno entonces que una mirada calificada y con la perspectiva del afuera, oficiara a la vez de editorial y de adelanto de dicho libro que va ser un aporte de significación para nuestra cultura.

Mi primera sorpresa fue la fundación de El Galpón. Creía que el 2 de setiembre se juntaron Teatro del Pueblo y La isla…, pero resultó que fue bastante mejor que eso; hubo conflictos, problemas, discusiones, y vi que El Galpón nació del árbol de los huérfanos como una fraternidad sin sumisiones. Después comprendí que esa marca justificó su historia y todavía le pertenece.

Hubo también en el comienzo una asombrosa ambición, si se tiene en cuenta la indigencia de la que partieron aquellos muchachos que cumplían con sus trabajos durante el día, y doblaban el lomo en el obraje de la calle Mercedes por la noche. Más que trabajar para tener una sala propia, trabajaron para tener un futuro en el teatro independiente, que también entonces soñaba a lo grande porque el teatro estaba por hacerse en Montevideo, sin que a Dios o al Estado se le moviese un pelo.

A fuerza de rastrear documentos y testimonios, oí la marcha de una militancia disciplinada, estricta, detrás de apuestas cada vez más alocadas, por momentos, quijotescas, y me dediqué a acompañar esa rara confabulación de estoicismo y locura que, contra todo pronóstico, poco a poco horadó lo imposible con la tenacidad de una pasión y la solidaridad de un Uruguay que hoy parece de cuento.

La historia de El Galpón es una épica cultural. Si tomó en sus manos el teatro épico de Brecht, fue porque ya tenía en su seno una concepción agonística de su vocación en el teatro, en la sociedad y en la política, porque la experiencia ha ido junta en esas tres dimensiones que convocaron a la perseverancia, solidaridades expandidas, notables audacias y también a castigos, exilios y tormentos, convicciones dañadas, apuestas irrenunciables y no pocas paradojas.

Si el teatro muestra la vida por sus conflictos, no puede sorprender que los conflictos cuenten la historia de este teatro que se ha hecho con la cultura del país y la de América Latina. Pero es en el recorrido, por sus detalles, que crece el asombro, porque cuando una experiencia importa, no habla nunca solo de sí misma.

 

 

 

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