Actrices

Renata Denevi

Nota / 1 octubre, 2019 / María Varela

-¿Cómo nace tu vocación por la actuación?

-Nunca quise ser actriz. Creo que fue algo que pasó casi sin darme cuenta. Cuando era niña jugaba con los baúles de vestuario de mi madre y creo que fue por ese tiempo que confesé que quería ser vestuarista. Pasaron los años; yo hacía danza, y lo hacía ya casi profesionalmente, pero un buen día se me dio por hacer el curso de actuación ante cámaras con Beatriz Flores Silva… Y ahí cambió algo en mí para siempre. Entré en la EMAD; después de un importante consejo de mi padre, y porque realmente no teníamos un peso y yo quería estudiar. Pero entré porque quería dirigir, y como acá no hay escuelas de dirección pensé que lo más inteligente sería vivir el mismo proceso que un actor y acercarme más aún al teatro en sí. Cuatro años después, y sin fijarme mucho, estaba enamorada de la actuación, pero siempre con la sensación de no pertenecer, de admirar a los actores de costado. Cuando salí de la Escuela empecé a hacer, sin pensar desde qué lugar, solo queriendo hacer. Hice una obra para niños  —La nave— donde tuve mucha libertad creativa y arranqué para el perfil opuesto que había cultivado en la escuela. Vi bien de cerca a Julio Calcagno en Potestad (y ahí a quién no le vienen ganas de actuar, ¡por favor!). Estuve totalmente sumergida en el mundo de Lorca con Bodas de sangre y, ahora, con Panorama desde el puente, que es una locura total para mí, por varios motivos: estoy confirmando algo de mí misma y del teatro. Si tuviera que señalar un momento donde nace mi vocación, sería este, este mismo momento. Y sinceramente a partir de ahora, haga lo que haga, dirigir o actuar o lo que sea… estoy segura de que no voy a poder salir del teatro nunca más, así que vayan a buscarme ahí.

-Tenes dos padres muy reconocidos en el teatro nacional: Ileana López y Jorge Denevi. ¿Qué sacaste de cada uno de ellos

Mis padres, qué pregunta. Ya estoy acostumbra a que me la hagan pero quiero que sepan que no es tan fácil responderla como ustedes piensan.

Con mis padres he vivido de todo. Los bares de noche después del teatro, yo jugando por ahí. Veranos en Valizas, los tres bastante libres. Conversaciones eternas con mi papá. Películas en vez de ir al liceo. Los miércoles familiares con Til e Inés, whisky siempre whisky. Discusiones y momentos surrealistas. Los tres en la cama grande mirando una película. Mi padre pone mute y me enseña sobre iluminación. Ensayos y ensayos y ensayos de todo tipo. Yo sentada en la platea, mi viejo explicándome por qué hace tal cosa un actor. Navidades sin ningún sentido, a nadie le gusta, no sé por qué lo seguimos haciendo. Mi madre cantando Etta James en el living lleno de humo. Silencios severos de almuerzos tristes. Mi padre leyéndonos por primera vez  Cómo hacer la revolución sin despeinarse, monólogo que nunca va a hacer. Y un millón de imágenes más… Mis padres me dieron todo eso, y ahí, entre nosotros y la vida, estaba el teatro todo el tiempo. Mi madre es probablemente una de las mejores actrices que conozco, me enseñó a ver el mundo desde un lugar raro, confuso, como una mancha de algo, diferente, lleno de sensaciones. Mi padre, que siempre fue mi maestro, me enseñó primero a entender, a ver, me dio toda, absolutamente toda la información, desde un lugar muy generoso. No puedo decir más que eso, que los dos me arrastraron y me revolcaron, con mucho amor, en el teatro.

-Con 21 años debutaste como directora y autora de la obra teatral Madre. Contanos sobre esa primera experiencia.

Madre fue un proceso sincero; unas amigas me llamaron, me dijeron que querían que las dirigiera, y les dije que sí, pero que primero teníamos que saber de qué hablar. Alguna de nosotras vio Todo sobre mi madre, de Almodóvar, y enseguida lo propuso: hacer una obra en base a la relación que teníamos con nuestras madres. Simple y complejo. Yo armé un plan de trabajo en base a escrituras personales de todas, íbamos escribiendo y yo les proponía diferentes cosas, iba direccionando los relatos, haciéndolos llegar a un lugar emocional que quería, y desde ahí lo hicimos teatro, escenas: conjugamos cinco madres diferentes —y algunas más también— y contamos historias mínimas, sin inicio ni final, solo pequeños momentos, pequeñas narraciones. Con todo esto mezclamos pedazos de videos nuestros, de cuando éramos niñas —los años noventa—, y todo al final fue un compilado de cosas que queríamos decir sobre nuestras propias vidas y sobre los vínculos. Logramos entrar en nosotras mismas y sentirnos cómodas con eso. Todo fue muy humano, la obra, el equipo, el proceso. Realmente siento que construimos nuestra propia manera de ver la vida, de armarla y de contarla, y eso no es fácil, no se ve muy seguido dentro de procesos, pero lo logramos. Ahí dirigí y me sentí conforme: fue una primera vez, y como toda primera vez estuvo llena de errores de mi parte, pero me sentí bien con el lugar desde donde empecé, sobre qué material artístico me paré para dirigir. No sé… creo que fue una tremenda primera experiencia para querer seguir dirigiendo alguna vez.

-Si te proyectaras hacia el futuro, ¿qué te gustaría hacer?

-No es nada fácil proyectarse hacia el futuro. Y yo siempre ando con dudas colgando. Pero quiero crecer, eso es algo que tengo claro, quiero seguir actuando, conocerme y conocer a otra gente, otros directores y otros actores, quiero trabajar socialmente con el teatro, por los barrios o por pueblos de por ahí, quien lo necesite más. Me gustaría armar algún proyecto grande que todavía no sé cuál es. Quiero también cultivarme con mis amigos artistas, los que tengo bien cerca, sueño con hacer algo todos juntos alguna vez. Me gustaría estudiar cine también, pero eso es algo que todavía quedará pendiente

-¿Qué es lo que más te seduce: la interpretación, la dirección o la dramaturgia?

-Me seduce la profundidad. Los contenidos de las obras, las cosas que las obras tienen para decir, sea como sea que las quieran decir. Me seduce la vida misma y la poesía, las imágenes que veo armadas en mi cabeza con luz, sonido y palabras. Las conversaciones y las sensaciones. Y a partir de ahí me seduce todo, pero más que nada la necesidad de hacer y decir, para la lucha por algo o simplemente para que las cosas sean cada vez un poco mejor.

-¿Qué proyectos tenés a futuro?

-Por ahora quiero concentrarme en Panorama desde el puente, que va hasta el 11 de noviembre en la Alianza. Luego estoy a punto de empezar a ensayar dos obras con dos grupos diferentes, que son para el año que viene. Quiero viajar a ver teatro. Empezar a dar clases, que es algo que también me apasiona, y seguir en el curso de la vida viendo cuál va a ser la siguiente historia que me tome entera.

 

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