Teatro por el mundo

Peter Brook: mito viviente del teatro

Nota / 31 octubre, 2019 / Luis Vidal Giorgi

 

Peter Brook (1925) a sus 94 años ha recibido el Premio Princesa de Asturias de las Artes, además de sumar un nuevo y merecido reconocimiento a su labor teatral, es una ocasión propicia para recordar su extensa actividad creadora que ha marcado al teatro del siglo XX y perdurará por siempre.

PETER BROOK NUNCA CONOCIÓ MONTEVIDEO

Cuenta una de las leyendas urbanas del teatro uruguayo que Peter Brook mandó una carta al Teatro El Galpón a principios de los años sesenta, manifestando su intención de venir a Latinoamérica. Recordemos que el continente, con la Revolución Cubana y, luego, el boom de la novela, era centro de interés en Europa. Al parecer, en aquellos tiempos donde las comunicaciones eran lentas y diferidas, nadie conocía al tal Peter Brook y nunca se contestó esa carta perdida luego en los allanamientos de la dictadura. Y una de las características de Peter Brook es la búsqueda de un teatro intercultural, esa premisa guió sus pasos entonces hacia Asia y África, donde el otrora imperio inglés conservaba su influencia.
Y traigo al presente un recuerdo personal de mi primer acercamiento a la obra de Peter Brook: fue a través de la voz emocionada del dramaturgo compatriota Alberto Paredes (1939-1998), devenido docente de la escuela del Teatro Circular, quien nos leyó, en 1975, a los alumnos, fragmentos de El espacio vacío, el emblemático libro de Brook, entonces recién traducido. Allí adquirimos esas definiciones de los tipos de teatro, donde el Teatro Sagrado era el que trascendía, por oposición, al Teatro Mortal, el cual pasa por los ojos del espectador sin dejar huella.
Y esa búsqueda de un Teatro Sagrado, donde —en sus palabras— “lo invisible se vuelva visible”, signó sus espectáculos. Entre los que, obviamente, se encuentran varias obras de Shakespeare; la última de estas —que estuvo en el Solís— fue la versión de Hamlet, que recorrió el mundo como homenaje a los 400 años de la muerte del icónico dramaturgo inglés. Brook estableció con Shakespeare un diálogo permanente.
Entre sus espectáculos podemos destacar las puestas en escena de textos sagrados de la cultura hindú y de la persa, como fueron el Mahabharata —la mayor obra escrita en sánscrito, que contiene la cosmovisión de la religiosidad hindú— y La conferencia de los pájaros, que representó en el Irán del sah de Persia, entre los monumentos arqueológicos de dinastías pasadas.
Pero también transitó por obras de autores contemporáneos, experimentadores con el lenguaje como Samuel Beckett y la muy recordada obra de Peter Weiss: Marat/Sade, obra que es representada por los internos del manicomio donde estaba internado Sade a fines del Siglo XVIII, y que plantea una apasionante discusión entre el revolucionario Marat y el mismo Sade, sobre los alcances y límites de lo colectivo y lo individual, de los cambios sociales necesarios y de las transgresiones a la moral.

LA REVOLUCIÓN: ESE SUEÑO QUE DESVELA

Esta obra, Marat/Sade, fue llevada al cine por el mismo Brook, lo que constituyó un suceso en los sesenta, con la actuación memorable de Glenda Jackson. Pues Brook también incursionó con grandes logros en el cine, como la versión de la famosa novela del premio nobel William Golding El señor de las moscas, donde un grupo de niños que sobreviven a un accidente quedan aislados en una isla desierta y lamentablemente recrean las luchas de la sociedad adulta, o como Encuentro con hombres notables, filmada en Afganistán sobre seguidores místicos del gurú ruso Gurdjieff y sus danzas circulares.

TEATROS RECUPERADOS Y ALFOMBRA VIAJERA

Asimismo, ha dirigido teatros estatales en Inglaterra con una programación rigurosa, especialmente en la Royal Company; cuando se traslada a París, en los años setenta, se integra al Teatro de las Naciones, dada su vocación de humanista universal en el arte. Y señalemos que, luego, tomando como sede un teatro abandonado por un incendio, crea el Centro Internacional para la Investigación Teatral, con un elenco multinacional. Recorrió ciudades y pueblos de África y Asia con su Teatro de la Alfombra, llamado así pues este era su principal elemento para definir el espacio teatral y oficiar la representación.
Por último, señalemos que junto a su siempre vigente libro El espacio vacío publicó otros, como Hilos del tiempo o La puerta abierta. Reflexiones sobre la interpretación y el teatro.
Finalizamos con su célebre frase, que define la relación de arte colectivo entre quien pasa por un escenario y quien lo mira: “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral”. Con esa simplicidad, pero con profunda sabiduría, Peter Brook ha ejercido su labor creadora y ha trasmitido una marca indeleble que nos acompaña en el teatro contemporáneo.

Comentarios