OBITUARIO Julio Calcagno: El teatro está de luto.

Destacado Slider / 2 mayo, 2024 /

Con pocos días de diferencia (22 y 23 de abril) fallecieron actores de referencia de nuestras artes escénicas: Julio Calcagno y Mario Aguerre.
Lo que sigue son los sentidos testimonios de quienes fueron sus compañeros y amigos. En el caso de Calcagno, editamos el prólogo, escrito por Héctor Guido, del libro Calcagno al Sur: un hombre de teatro, sobre la vida de Julio Calcagno, que dimensiona la importancia que tuvo su impronta actoral también para sus colegas. Fernando Toja nos envió unas líneas que destacan el legado en la música y el teatro de quien fuera su amigo, Mario Aguerre.

Cuando Ud. termine de leer este libro, empezará a comprender algo de la sustancia que nutre a los grandes intérpretes teatrales. Saque sus propias conclusiones, pero permítame contarle alguna de las mías. A estos seres
“especiales” nada en la vida le sucede sin dejarle marcas. Absorben cada momento y su memoria acumula en la razón y en la emoción desde simples aromas hasta el nombre y apellido de cada vecino. Hace un siglo que Stanislavski se ocupó de la memoria emocional o emotiva, algo que se aprende en las primeras clases de teatro. También, en esas clases, se estudian los elementos técnicos como el gesto preciso y la buena dicción. Y el mismo maestro ruso, en otra etapa de su método, elabora el llamado método de las acciones físicas. Sin embargo, nada de esto es determinante. La capacidad creativa no se explica con la experiencia vital y un Julio Calcagno no se fabrica con recetas. Cientos de miles nacen en barrios populares, conviven con personas-personajes únicos, todos pasamos por tragedias personales, amores y desamores. Julio, a pesar de lo que él pueda suponer, no tuvo
una experiencia de vida excepcional. Es más, me atrevería a decir que su vida fue parecida a la de casi todos. Eso lo hace extraordinario. La niñez, adolescencia y juventud del Polo Calcagno son las vivencias de lo popular. Su
vida refleja la vida de las mayorías y en ella descubrimos el comportamiento de una comunidad en un tiempo histórico determinado. La lectura del libro trasciende lo autobiográfico y nos recrea un Uruguay lejano y con otra cultura de la convivencia, otros códigos, raíces que les crecían a esos seres de barrio con tanta fuerza que los hacía crecer como a nadie y les dolía el navegar más allá del último refugio donde huele a linimento. Vidas y seres entrañables que hacen de este libro una simple y deliciosa aventura al Montevideo del cine
continuado y bandoneón.
Pero Julio no tuvo ninguna ventaja para ser el genial actor que convulsionó y revolucionó el teatro uruguayo. Lea el libro, descubra acontecimientos de su vida, pero si quiere encontrar al artista, no se deje engañar. ¡Julio miente!

No es cierto que el teatro fue una casualidad. Julio buscó y luchó contra todo para lograr ese espacio único de libertad. Fue un camino trágico. El medio es despiadado y no recibe a los Calcagno fácilmente. Y menos en una época de berretines intelectuales. Julio no tenía formación académica, no venía de la universidad, ni del mundo de la literatura, ni formaba parte de las famosas tertulias de la época con personajes que salían en los diarios. Sus amigos eran los que vendían esos diarios… No pretendo analizar a Julio, solo doy testimonio de lo que viví y compartí con
el Polo. Este loco se coló en el teatro y llegó a que en los 80 todos queríamos ser como Calcagno. Queríamos entender cómo se hacía eso en el escenario.
Aquellos que no lo conocían sospechaban que era el discípulo predilecto de Lee Strasberg que —egresado del Actor´s Studio— lo mandaban para combatir a la dictadura con el realismo soviético. Para colmo, hablaba de Marlon Brando, Al Pacino y Robert De Niro como si los conociera de toda la vida. Recorrió cada rincón de Montevideo, fue un obrero que sufre cuando otro es amputado y nos trasmitió el sentido de la liberación en plena dictadura. Aparece algo extraordinario en los escenarios montevideanos, justo en los momentos que más lo necesitábamos. Aparece la actuación orgánica que nos cuestiona y nos asombra. He tenido el placer de compartir semanas de rodaje en una película; el escenario como actor; diseñar las luces de alguno de sus personajes; dirigir con el Polo como actor y hasta compartir un elenco de radioteatro. Puedo dar testimonio de que Julio Calcagno sepultó
todos los clichés.
No sé cómo se hace. Le puedo sugerir que, mientras descubre algunos aspectos de su vida, trate de imaginar su sótano en el barrio Sur, recorra la calle José María Roo, escuche a Goyeneche cuando, casi sin voz, dice el tango
con las entrañas, vea una película de Marlon Brando, lea un sencillo poema de Líber Falco y, cuando una tormenta enloquezca el mar contra la muralla de este Montevideo, camine sin miedo hacia el sur, bien al sur… un poco más.

Héctor Guido

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