Marzo en Cinemateca

Cinemateca Uruguaya / 2 marzo, 2020 /

Este mes de marzo en Cinemateca los invitamos a disfrutar de ciclos, estrenos y funciones especiales.

 

Del 29 al 6: Francesco Rosi

Francesco Rosi nació el 15 de noviembre de 1922 en Nápoles, y entró en el mundo del espectáculo tras haber estudiado Derecho. Empezó en el teatro y siguió en el cine, donde, en 1948, fue uno de los asistentes (el otro se llamó Franco Zeffirelli) de Luchino Visconti en el drama social La tierra tiembla. Continuó colaborando con Visconti en otros films como Bellísima, del que fue guionista. Es tentador pensar que Zeffirelli y Rosi absorbieron, de alguna manera, dos aspectos diversos de la personalidad de Visconti: Zeffirelli, el gusto por los espectáculos refinados y decorativos; Rosi, la dimensión política y social.
Los críticos e historiadores del cine suelen ubicar a Rosi en el marco de la llamada terza generazione (tercera generación) del cine italiano, tomando como «primera» a los neorrealistas que comenzaron como directores antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, y como «segunda» a los que saltaron al largo hacia 1950 (Fellini, Antonioni, Germi). Coetáneos de Francesco Rosi fueron Pasolini, Bolognini, Vancini y su casi homónimo Franco Rossi, entre otros. Varios de ellos intentaron recuperar el espíritu crítico y social del primer neorrealismo, y probablemente Rosi sea quien lo hizo con más talento.
Este ciclo, que se proyectara completamente con copias del Archivo de Cinemateca en formato 35mm, está compuesto por Crónica de una muerte anunciada (1987), El caso Mattei (1972), Carmen (1984), El desafío (1958), Los meleantes (1959), Cristo se detuvo en Eboli (1979) y La tregua (1997).

Del 7 al 14: Aquí se habla francés, cine y francofonía

Cada año, el 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Francofonía. Es un espacio de diálogo y de solidaridad, en el que la francofonía brilla al compás de unas expresiones que se declaman, se cantan, se bailan o se ven en el cine, en los cinco continentes. Como siempre, Cinemateca Uruguaya adhiere a las celebraciones que duran todo el mes y programa, en colaboración con las Embajadas e Institutos de Cine de Francia, Bélgica y Suiza, un ciclo de cine francófono (salvo por la función especial del film La noche de 12 años, que es hablada en español, pero se trata de un film de Uruguay —primer país sudamericano en adherir como observador a la Organización Internacional de la Francofonía— realizado, en parte, gracias a fondos franceses). El presente ciclo reúne un puñado de calidades, que, además de representar una muestra del cine hablado en francés, celebra el Mes de la Mujer con títulos no solo de denuncia de las desigualdades, sino también de homenaje en tiempos tan importantes para el movimiento feminista. Películas de reciente factura, que van desde el drama a la comedia, de lo político a lo cotidiano, historias necesarias, para entretener y divertir, pero también para pensar y encender el debate, en la lengua de Simone de Beauvoir.

Del 19 al 29: Cien años de Fellini

El pasado 20 de enero se cumplieron cien años del nacimiento de Federico Fellini, uno de los mayores creadores del cine italiano. Fellini perteneció a lo que los italianos llaman “la segunda generación” de realizadores de su país, considerando “primera” a los que comenzaron como tales en tiempos del fascismo e inventaron el neorrealismo (Visconti, Rossellini, de Sica, Lattuada y varios más).

Nacido en Rimini en 1920, el joven Fellini llegó a Roma a fines de la década del treinta. Fue periodista y guionista de historietas, escribió sketches cómicos para Aldo Fabrizi y se casó con Giulietta Masina. Fue Fabrizi quien lo presentó a Roberto Rossellini y lo involucró en el libreto de Roma, ciudad abierta. De hecho, el actor aceptó participar en el film si Fellini, en quien confiaba, escribía su parte. Con esa película, Fellini entró en el cine para quedarse. Continuó trabajando con Rossellini, Lattuada y otros (para el primero se desempeñó también como actor en Amore), y en 1950 codirigió con Lattuada Luces del varieté, donde asomaba ya el tema muy felliniano de los cómicos de la legua.

En sus siguientes films (El sheik, Los inútiles, La strada) se fue alejando cada vez más de la ortodoxia neorrealista para incorporar elementos poéticos: la inmediata preocupación social de Visconti, Zavattini o de Sica deja paso en él a elementos metafóricos y místicos, personajes dotados de una fuerte carga simbólica, una búsqueda religiosa de la pureza o la Gracia.

Hay empero un carácter esencialmente ambiguo en la personalidad de Fellini. Junto a esa vertiente que, para simplificar, se puede denominar “cristiana”, asoma todo un costado pagano, de exaltación de los sentidos y fascinación por los cuerpos femeninos preferentemente voluminosos. Ambos elementos alcanzaron un raro equilibrio en un film como La dolce vita (1959), que es probablemente su obra maestra, y el segundo comenzó a predominar a partir de ahí.

Con frecuencia, en esa segunda parte de su carrera, lo decorativo pareció devorar a lo esencial, la forma al contenido: en parte Ocho y medio, pero sobre todo las posteriores Julieta de los espíritus, Satyricon o Roma se caracterizarían sobre todo por el febril despliegue formal, la pirotecnia de una imaginación desbocada que (particularmente en un film como Casanova) envolvía poca cosa: la vocación por el show perjudicaba seriamente allí la posibilidad de emoción o mejor comunicación humana. El cineasta pareció reencontrar lo mejor de sí mismo en algunos de sus últimos films: seguía habiendo mistificación y show en Y la nave va, pero también rasgos de humor y emoción; en Ginger y Fred reunió a sus viejos cómplices Mastroianni y Masina para un cuestionamiento de los medios de comunicación muy atendible y no carente de cierta piedad; en La entrevista se evocó a sí mismo, con cierto espíritu autocrítico. En el presente ciclo no está todo Fellini, pero hay una buena muestra de su obra.

Viernes 13: Función especial de Martes 13

Uno de los inconvenientes de querer homenajear a esta especie de bisabuelo de todos los slashers exhibiéndolo un viernes 13, como correspondería de acuerdo a su título original, es que en el Uruguay se llamó Martes 13, quizás porque alguien se enteró de que en los países latinos el día 13 de la mala suerte es el martes y no el viernes. Detalle menor, en todo caso: el VHS, el DVD, el Bluray, internet y la mala memoria de demasiada gente han devuelto el viernes al viernes, de modo que el dato carece de importancia.

Quizás en el párrafo anterior haya que corregir otro dato. Más que el bisabuelo de todos los slashers (películas con apuñalamientos, decapitaciones, muerte con arpón y otras simpáticas maneras de pasar a mejor vida), esta película fue más su tío bisabuelo, y acaso el verdadero origen de la versión norteamericana del género haya que buscarla dos años antes en Noche de brujas (Halloween) de John Carpenter, que ya instaló el esquema del asesino prácticamente indestructible y con una leve aura sobrenatural que se encarga de destripar a todo el elenco y si le da el tiempo también al portero del cine. En los propios Estados Unidos hay por lo menos un antecedente (las películas llenas de salsa de tomate de Herschell Gordon Lewis), y no hay que perder de vista tampoco la influencia del giallo italiano, que estuvo de moda a comienzos de los setenta y cuyas mejores versiones son Mario Bava, Dario Argento y algunas cosas de Massimo Dallamano, y de las demás mejor olvidarse.

El dato a tener en cuenta, de todos modos, es que Halloween y Martes 13 nacieron casi simultáneamente y, como los hijos de Edipo y Yocasta en la versión de Les Luthiers de Edipo de Tebas, tuvieron larga secuela. A cierta altura se convirtieron, como el Freddy Kruger inventado por Wes Craven, en su autoparodia. En la inteligente primera entrega de su saga Scream, Craven incluía un decálogo acerca de cómo no convertirse en una víctima de asesinos como Michael Myers o Jason. Algunos artículos son inapelables: no abandonar al grupo, nunca decir “vuelvo enseguida”, y, sobre todo, no tener sexo).

Para quien no recuerde exactamente el argumento de esta primera película de la serie, hay una trivia divertida a responder: ¿cómo se llama el asesino de la película? Por supuesto, el ochenta por ciento de los espectadores va a responder “Jason”, pero véanla de nuevo…

Estrenos:

Alelí, de la directora uruguaya Leticia Jorge, con las actuaciones de Mirella Pascual, Cristina Morán y Romina Peluffo. Esta es la segunda película de Leticia Jorge (codirectora de Tanta agua junto a Ana Guevara), y su título deriva del nombre de una casa de veraneo que es disputada por tres hermanos tras la muerte del patriarca. Las iniciales de todos forman el nombre que cuelga al frente de la casa de playa; AL de Alba y Alfredo, E de Ernesto, LI de Lilián. De todos menos de Silvana, que nació tarde. La venta de la casa y el duelo por la muerte del padre enfrentan a esa familia que parece dispuesta a prender fuego todo.
Una comedia de enredos (o más bien una “dramedia”) con algo de costumbrista, Alelí es una coproducción uruguaya (Mutante Cine) y argentina (Reicine) y ha recibido para su realización el apoyo de los fondos de Ibermedia Coproducción, Montevideo Filma y el Fondo de Fomento Cinematográfico y Audiovisual de ICAU.

Como siempre, toda la programación de Cinemateca, horarios y comentarios pueden consultarse en nuestro sitio web www.cinemateca.org.uy; y para estar en contacto, seguinos en twitter CinematecaURU o en instagram @cinematecauruguaya.

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