María Varela: «El autor maneja un realismo descarnado, donde lo oscuro de nuestro ser se va reflejando en lo cotidiano».

Nota / 31 agosto, 2019 / Luis Vidal Giorgi

María Varela se formó en la Emad como actriz bajo la inspiración de docentes como Eduardo Schinca y desarrolló su actividad teatral fundamentalmente en el Teatro Circular, como actriz y como directora. Ahora vuelve a estrenar en el teatro que integra, una nueva obra del dramaturgo noruego Lars Norén.

 

Ya has dirigido a este autor contemporáneo, ¿cuáles son los componentes de su escritura tanto temáticos como de estilo que te resultan atractivos?

-De Lars Norén dirigí Del Amor en 2015, gracias mi amigo Homero González que me la leyó y quedé totalmente fascinada, también fue este amigo quien me acercó el texto de Vigilia de noche. Del Amor  y el trabajo que realizamos me llevó a ahondar en toda la producción Norén. Su escritura te lleva a una comprensión del texto que implica un proceso de construcción que ya conocemos o que de alguna manera ya lo vivimos. Maneja un realismo descarnado, donde lo violento y lo más oscuro de nuestro ser se va reflejando en lo cotidiano, con  un humor sumamente mordaz y despiadado. Su dramaturgia tiene un corte psicológico donde pone en evidencia las carencias que posee esa contemporaneidad decadente en que vivimos. Se le ha comparado con Strindberg, creo que es por haber sido este último, uno de los  precursores del Teatro de la Crueldad, donde una de sus tendencias plantea que al espectador hay que movilizarlo con situaciones chocantes o violentas, a través de sus sentimientos primarios. Su atractivo es poder ver y espiar sin sentir una necesidad de juzgar una situación o a unos personajes  tan reales y tan iguales a nosotros, ya que ese reflejo es un trozo de nuestra vida.

Y específicamente de esta obra, respecto a los temas, personajes, situaciones y diálogos, ¿qué destacarías?

-Esta obra trata sobre los vínculos familiares. Una reunión familiar no querida y forzada por la circunstancia vivida por dos hermanos y sus respectivas parejas, se reúnen en la casa de uno de ellos después de la muerte de su madre. La noche es larga y el rencuentro de ellos se torna revelador, con reproches del pasado y de un presente no resuelto. Seres que consagraban la noche entera a la vigilia, donde los conflictos encubiertos aparecen a la luz, como la paternidad, la maternidad, la mujer, la pareja, los lazos filiales, todo en una sola noche. Sus personajes tienen tanta tensión interna que siempre están a punto de suceder situaciones caóticas imparables en escena. Con tintes de cinismo tragicómicos, se va tejiendo la trama de una realidad patética, cruel y totalmente cotidiana.

-¿Algún diálogo significativo que quieras señalar?

-Muchos, pero pierden significado e intensidad fuera de contexto. Todos los diálogos son muy ricos y simples a la vez y están llenos de contenido, se va haciendo un entramado que te atrapa y solo te deja con el último parlamento de la obra.

¿Algo más sobre la puesta y/o la actuación que quieras agregar?

-Sí, quiero nombrar a todo el equipo que trabajó para que esta puesta saliera como realmente quisimos desde un principio. Los actores, algunos ya habían trabajado en la puesta anterior y conocían a Lars Norén, Laura de los Santos y Gustavo Bianchi, y también Leticia Cacciatori y Guillermo Robales que no lo conocían y quedaron desde el principio fascinados con la obra. También al equipo técnico, Nelson Mancebo en el vestuario,  Hugo Millán en la escenografía,  Martín Blanchet en las luces,  Martín Buscaglia en la música y Andrea Macarena Hernández como asistente de dirección, que entendieron y lograron darle la dimensión, junto a los actores, que la obra necesitaba.  Fue un placer hacer esta puesta.

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