Lucio Hernández: «Mi oficio es el de contar historias…»

Entrevistas Centrales / 25 febrero, 2022 / Luis Vidal Giorgi

LUCIO HERNÁNDEZ: “Mi oficio es el de contar historias. En este caso, si lo hacemos bien, la gente se va a reír y a vivir alguna que otra emoción fuerte”

Lucio Hernández ha desarrollado desde los años noventa una dilatada actividad en lo actoral, en el Teatro Circular y otros elencos independientes, ingresando luego a la Comedia Nacional en el 2005 hasta el reciente 2021. Como director ha dirigido, entre otros espectáculos, Variaciones Meyerhold, de Pavlosky; Labio de liebre, de Rubiano. Ahora va a estrenar una obra de la autora inglesa April de Angelis, de quien se han estrenado en nuestro medio sus obras After Electra y Bichos del teatro, ambas en la Comedia Nacional. Conversamos con Hernández sobre su momento artístico y este nuevo estreno en el Teatro Circular.

Luego de haberte formado en el teatro independiente, en La Gaviota y el propio Teatro Circular, ingresaste a la Comedia Nacional en el 2005, has dejado de pertenecer al elenco oficial y has vuelto al teatro independiente desde la dirección. ¿Qué significado y motivaciones tiene este cambio en tu actividad artística con una nueva orientación?

-La sucesión de hechos es como la describís, solo que fueron decisiones diferentes cada vez.
Este espectáculo se iba a estrenar dos años atrás. Veníamos conversando con el Circular y cuando nos decidimos… llegó la pandemia a nuestras vidas. Tuvimos que posponer muchas cosas, las instituciones y las personas. Como todos, tuve pérdidas importantes. Ese dolor se convirtió en enojo primero y en aprendizaje después. La conclusión, para mí, es que no hay tiempo. Oía una voz que me susurraba al oído: “¡Hacé lo que tengas que hacer ahora! Agradecé y seguí tu camino”. Por eso me retiré de la Comedia ahora y del Circular hace muchos años. Compartí mi vida con ellos en distintas etapas y son mi familia en este oficio. Y uno de la familia no se despide porque siempre va a estar ahí. Debe ser por eso que no tengo la sensación de irme o de volver. En resumen, el Circular fue mi escuela y la Comedia Nacional, mi universidad. Sigo viaje con el corazón agradecido y la valija llena de herramientas.

Esta autora inglesa, April de Angelis, dice en un reportaje respecto a la obra: “Es la diferencia entre lo que la gente dice sobre lo que quiere y lo que realmente hace. O la diferencia entre las razones por las que dicen que están haciendo algo y las verdaderas razones. Todas esas discrepancias son graciosas”. Esto nos toca a todos, incluso a los artistas que mostramos desde el escenario esas contradicciones. ¿Cómo se expresa este aspecto en la obra y cómo es ese humor inglés, pero tan universal?

-Es claro lo que ella plantea. Traducido a lenguaje de barrio, el comentario podría ser: “De joven, incendiario; y de viejo, bombero; o en los sesenta, hippie; y en los noventa, yuppie”. Obviamente puede haber humor en esto, para el que no estuvo en ninguno de los dos extremos. Pero cuando, por ejemplo, militaste políticamente, luchaste por un sueño cualquiera y finalmente tu postura triunfa, decís: “ahora sí, todo va a cambiar”. Pero al día siguiente, todo sigue más o menos igual, con algún cambio. A nivel familiar, pasa lo mismo solo que es más sutil. Ahí radica la originalidad de esta obra. Podemos tener las mejores intenciones como padres, los discursos más solidarios e inclusivos sobre el mundo de hoy, los valores más nobles… pero cuando los niños crecen ven con claridad la diferencia entre eso y nuestras acciones. Esto sucede consciente o inconscientemente y siempre tardan en perdonarnos. Lo genial es que la autora elige el camino del humor para hablar de todo esto.

Vas a estrenar a pocos días del 8 de marzo, esta autora nacida en 1960 se define como feminista, recogiendo esa tradición inglesa, pero también lo mira con ironía y matices generacionales desde el rol de madre; en el mismo reportaje señala: “Aunque la obra es una comedia, está deliberadamente ahí, diciendo que hicimos algo increíble. Pero, claro, se olvida y ese es otro punto. ¿Qué pasa si se olvida? Había algo revolucionario en aquellos tiempos. Solíamos tener discusiones sobre si debíamos usar rímel o si debíamos acostarnos con otras mujeres y no con hombres. Suena tonto, pero se sentía como si toda tu alma estuviera en juicio. Hoy en día, no existe ese sentido de la importancia de esto”. ¿Cómo visualizás la repercusión de la obra en este contexto actual y cuál es el aporte de su mirada?

-Siento que el contexto actual es riesgoso, porque lo que nos define, parece ser, si estamos a favor o en contra de algo. Existís si estás conmigo, no existís si pensás diferente. Además de que estamos buscando “seguidores” y “megusteadores” todo el tiempo. Y con el feminismo el riesgo es aún mayor, porque entre la empatía y la cancelación hay quince segundos. Ahora, la autora es feminista, pero dentro de la obra es un tema más. La protagonista que interpreta Paola Venditto militó por la causa hace 30 años y ahora perdió su trabajo, le cuesta comunicarse con su hija adolescente y su matrimonio está en crisis. Y es verdad que la ironía y el humor están presentes todo el tiempo, porque aparece lo contradictorio y paradójico del comportamiento humano. Así es en la vida también. Por ejemplo, si conozco a una feminista que le paga a su empleada en negro, ¿es menos feminista por eso? Yo creo que no. ¿Es éticamente contradictorio? Absolutamente. Como material ficcionable es buenísimo, porque podemos llegar a entender esa conducta, incluso ser empáticos y compasivos con ella. Al final, tener conciencia de que nosotros no somos mejores. En resumen, me interesa el feminismo, la maternidad, la adolescencia y los vínculos familiares como temas, pero mi oficio es el de contar historias. En este caso, si lo hacemos bien, la gente se va a reír y a vivir alguna que otra emoción fuerte.

-En el espectáculo participan distintas generaciones que incluyen a compañeros tuyos de la época de formación, como Paola Venditto y Roberto Moré, y entre los más jóvenes está tu hijo Thiago. Ese reencuentro con la memoria y sus cambios debe tener una carga emocional particular y la obra, decíamos, también habla de esos diálogos con nuestra historia. ¿Cómo has vivido ese proceso y en qué manera se vincula con la obra a estrenar?

-Los neurocientíficos dicen ahora que más del 90 % de nuestras decisiones son emocionales. No soy la excepción. Algunos de los espectáculos más conmovedores que vi en mi vida sucedieron en esta sala donde vamos a estrenar. Acá vi por primera vez a Eduardo Pavlovsky, al Odin Teatret, a los actores, actrices y directores de la casa, que fueron mis maestros en la escuela. Fue donde conocí a Taco Larreta, Héctor Vidal, Jorge Curi y Omar Grasso. Y en mi memoria, el proceso de aprendizaje en grupo es de los momentos más fuertes. Hablo de nuestra escuela. En este elenco somos varios, pero también Denise y Sebastián se formaron acá en distintos momentos. Quería trabajar con todos ellos y crear algo juntos. La obra, además, tiene personajes adolescentes que son muy importantes.

Por eso hicimos un casting, que fue difícil. Yo imaginé, al principio, una banda de músicos muy jóvenes y, después de que los actores hicieran la música, el elenco adolescente tiene la responsabilidad de la ambientación en vivo. Thiago llegó para dar una mano con eso y terminó entrando al escenario unos minutos. En fin, son muchas emociones y la obra también las tiene, así que vamos bien.

-¿Algo más que quieras agregar?

-Solo mencionar que mi hija mayor me habló de un libro de Ana Laura de Giorgi:

Historia de un amor no correspondido. Feminismo e izquierda en los 80. Por lo que plantea, tiene un paralelismo histórico con nuestra obra.

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