Jorge Curi: un maestro imprescindible en la historia del teatro uruguayo

Nota / 31 agosto, 2019 / Luis Vidal Giorgi

Jorge Curi (1931-2019) fue un director protagonista de épocas fundamentales del teatro uruguayo, como la etapa de consolidación del teatro independiente y en la resistencia cultural. Fue director de espectáculos memorables que estuvieron años en cartelera contando con el disfrute y adhesión masiva del público, como Esperando la carroza de Jacobo Langsner, Doña Ramona de Víctor Manuel Leites -José Pedro Bellán y El Herrero y la Muerte del propio Curi y su colaboradora literaria Mercedes Rein.

Señalemos que Curi, egresado de la facultad de Arquitectura, se dedicó a la docencia de matemáticas en Secundaria y se acercó al Teatro El Galpón en los años 50. Primero como apuntador, luego como actor y ayudante de dirección de Atahualpa Del Cioppo, a quien señalaba siempre como su maestro. En ese teatro realizó sus primeros espectáculos como Terror y miserias del Tercer Reich de Brecht; El último expediente de Rolando Speranza; Tango, del polaco Mrozek y ya en los ochenta, Entre gallos y medianoches de Rein – Curi.

A partir de los setenta se instala en el Teatro Circular donde se transforma en un director central de la actividad de ese teatro, además de los títulos mencionados anteriormente, destacamos: Operación masacre de Rodolfo Walsh, en pleno inicio de la dictadura uruguaya; Los comediantes, sobre textos del Siglo de Oro español; El coronel no tiene quien le escriba de García Márquez, realizando nuevamente una versión teatral con Mercedes Rein; Mariana Pineda de García Lorca; Decir adiós de Alberto Paredes; Quiroga y Varela el reformador, ambas de Víctor Leites

Ya en los noventa participa y lidera el grupo de artistas que rescatan el Teatro Victoria de la calle Río Negro que estaba en estado ruinoso y era propiedad del Banco de Seguros, reacondicionándolo y dirigiendo allí sus últimos espectáculos y hasta una reposición de El Herrero y la Muerte.

Asimismo dirigió en la Comedia Nacional, títulos valiosos como Los caballos de Rosencof; Juana de Asbaje sobre sor Juana Inés de la Cruz de su autoría y Rein, o La ópera de dos centavos de Brecht.

El autor nacional tuvo una presencia muy marcada en su repertorio desde los inicios y junto a sus propias obras y adaptaciones con Mercedes Rein, pero los clásicos dirigidos con la sutileza que lo caracterizaba estuvieron presentes en sus espectáculos desde Lope de Vega, Chéjov o su autor modelo Bertolt Brecht, con quien se identificaba en el sentido de realizar un teatro que deba prioritariamente entretener, pero al mismo tiempo mostrar realidades sociales que habiliten la reflexión y la posibilidad de modificarlas con la acción colectiva.

También los autores contemporáneos de vanguardia fueron transitados por  Curi, como el mencionado Slawomir Mrozek, el alemán Rainer Fassbinder con Libertad en Bremen por la Comedia Nacional, o Insulto al público del austríaco Peter Handke, con el elenco del Teatro Victoria.

Por último, es necesario recordar su labor como director de espectáculos musicales que marcaron una época, como Cantando a propósito que reunió nada menos que a Los Olimareños con Daniel Viglietti y la actuación de Ducho Sfeir, actriz con la que Curi trabajó varias veces y compartía su ascendencia libanesa. También la dirigió en un espectáculo tanguero junto a Alberto Candeau llamado Mano a mano. En otro momento de intensa creatividad fue el responsable de la puesta en escena de las primeras presentaciones de Los que iban cantando, aquel grupo que a fines de los años 70 significó una renovación en la música popular uruguaya. Y por último mencionar nuevamente al Brecht musical, pues no solo dirigió algunas de sus obras operísticas sino también hizo dos maravillosos espectáculos con sus textos y canciones: Moritat y Del pobre B. B. en el Circular.

Con Jorge Curi se termina de ir una generación de teatristas que forjaron con talento y dedicación las más intensas páginas del encuentro del teatro uruguayo con sus espectadores.

Comentarios