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Nosferatu, una sinfonía de terror

  • Inicio: 04/03/2022
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NOSFERATU, EINE SYMPHONIE DES GRAUENS
Alemania, 1922
Dirección: Friedrich W. Murnau
Guión: Henrik Galeen, sobre libro de Bram Stoker. Fotografía: Fritz Arno Wagner. Producción: Prana-Film GmbH. Elenco: Max Schreck, Alexander Granach, Gustav vonWangenheim, Greta Schröeder, GH Schnell, Ruth Landshoff, John Gottowt, Gustav Botz.

Duración: 93 minutos

Jean Cocteau había objetado a El gabinete del doctor Caligari crear sus extrañezas de atmósfera mediante recursos teatrales y pictóricos. “Hay que hacerlo con la cámara”, insistía. Esto último fue uno de los principales aportes, aunque no el único, de Friedrich W. Murnau, nacido Friedrich Wilhelm Plumpe en la ciudad de Bilefeld, Westfalia, el 28 de diciembre de 1888. Tras combatir en la Primera Guerra Mundial se vinculó al cine, fundando junto a otros compañeros de la escuela teatral de Max Reinhardt su propia productora, la MurnauVeidtFilmgesellschaft.
Los primeros films de Murnau exhibieron ya la vocación por lo extraño, lo monstruoso y lo terrible que caracterizó al expresionismo; la historia de magia y celos de El jorobado y la bailarina (1920), la adaptación del Dr. Jekyll de Stevenson que se tituló La cabeza de Jano(mismo año). El Drácula de Stoker (1847-1912), publicado en 1897, era casi una opción natural para Murnau, aunque por una cuestión de derechos de autor (los productores nunca los pagaron) debiósemiocultarse en su adaptación cinematográfica bajo el título de Nosferatu (el original alemán completo era Nosferatu, una sinfonía del horror).
La versión de Murnau simplifica y modifica en parte la narración de Stoker. La primera mitad del film sigue bastante de cerca el desarrollo de la novela, con el viaje del escribano Jonathan Harker a Transilvania para tratar asuntos de negocios con el vampiro. Naturalmente, Harker pasará de su condición de huésped de Nosferatu a la de víctima. La segunda parte se centra en la amenaza que el vampiro constituye para el matrimonio de Jonathan y Lucy Harker.
El guión de Nosferatu maneja una serie de temas caros al romanticismo alemán en su vertiente fatalista y tenebrosa: el amor de una pareja amenazado por las fuerzas del Mal, el sacrificio de la mujer como víctima expiatoria. Algunos de esos temas reaparecerán en la obra posterior de Murnau como Fausto (1926), Amanecer (1928), o Tabú (1931, también producción norteamericana y en codirección con Robert Flaherty. El desenlace de Nosferatu es optimista, sin embargo. Según Krakauer, ello respondió sobre todo a la convicción del guionista Henrik Galeen: cuando se ama y no se tiene miedo, el Mal es derrotado. Lucy Harker retiene al vampiro hasta el amanecer y la luz del sol lo destruye. En su remake sonora del asunto, Werner Herzog introducirá al respecto una variante significativa.
Como casi todo el cine de las primeras décadas del siglo XX, Nosferatu ha envejecido ligeramente, aunque sigue conservando una buena dosis de fascinación (y es por supuesto una absoluta obra maestra comparada con las cosas que hoy pasan por películas de vampiros, como la saga Crepúsculo). Sin duda arriesga el ridículo de enfrentar al espectador contemporáneo con un vampiro de orejas puntiagudas, uñas demasiado largas y andar rígido y mecánico, pero otros rasgos de la película sobreviven mejor. Hay una inteligente creación de un clima de terror mediante elementos tomados de la naturaleza. Contrariamente a la mayoría de las películas expresionistas, Nosferatu no se filmó en decorados de estudio sino en localizaciones naturales: siguiendo a Cocteau, la “extrañeza” la provocan los ángulos de toma. Los animales se revuelven inquietos, anticipando el peligro; una sesión científica alude a formas de vampirismo existentes en el mundo natural, como anticipo de los horrores sobrenaturales que vendrán después. Y cuando las puertas del castillo se abren sin que nadie las toque y la figura del vampiro surge de las sombras para aproximarse a su víctima dormida, o cuando un barco avanza implacablemente hacia Bremen con su tripulación de cadáveres, un soplo de inquietud se transmite todavía desde la pantalla al espectador.

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