LIBRE

El empleado y el patrón

  • Inicio: 12/05/2022
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Uruguay, Argentina, Brasil, Francia, 2021

Dirección: Manuel Nieto Zas

Nahuel Pérez Biscayart, Cristian Borges, Justina Bustos, Fátima Quintanilla, Jean Pierre Noher, Carlos Lacuesta.

Duración: 106 minutos

Rodrigo (Nahuel Pérez Biscayart) es un joven hacendado que está al frente de uno de los campos de su padre (Jean Pierre Noher) al norte del Uruguay. Está casado con Federica (Justina Bustos) y tienen un hijo muy pequeño con probables problemas de salud. Ante la necesidad de manejar una cosechadora, contrata a Carlos (Cristian Borges), un joven de la zona que a su vez está casado y tiene una hija pequeña. Una situación inesperada tensará la relación entre ambas familias.
El núcleo de la película plantea claramente un conflicto de clases, pero modificando algunos aspectos en los que esta problemática suele expresarse, eludiendo el obvio (y tentador) blanco y negro. El retrato de Rodrigo está lejos de los estereotipos que el cine (y los discursos políticos) suelen asignar a alguien de su posición social, y ello imprime una dinámica diferente al conflicto y a la relación con el hermético Carlos y su familia. Alguien ha establecido alguna relación con La ceremonia de Chabrol, película con la que se ha señalado que tiene algún punto de contacto.
El conflicto de clases, (exacerbado por la situación puntual que no corresponde adelantar) se manifiesta en diferentes planos, algunos explícitos y en parte fuera de campo, y otros encuadrados en el marco de lo posible, lo latente. Cabe destacar la carga ominosa de la película y el constante sentido de inminencia: el espectador siente en todo momento que algo puede perturbar la aparente calma de las situaciones, la precaria armonía sostenida por los protagonistas. El hermetismo de Carlos colabora en la creación de ese clima inquietante.
Hay una considerable solvencia en la realización del uruguayo Nieto, cuyos antecedentes incluyen La perrera (2025) y El lugar del hijo (2014). Su descripción del trabajo en el campo, del campo mismo, de los moradores de esa frontera y de una subtrama relativa a una competencia con caballos muestra una gran pericia en la puesta en escena que en algunos momentos adopta un aire casi documental.
El guión es perfecto al dibujar ese entramado de personajes, con sus dobleces y sus ambigüedades, pero también lo es la cámara cuando busca repetidamente seguir su propio camino en forma paralela a la narración. Parece tan interesada en la dualidad de clases como en el entorno, incluyendo al sonido, como si captara las fuerzas invisibles que terminarán obligando a todos a comportarse de cierta manera, debido a –o a pesar de– su relación laboral y su entorno social. El empleado y el patrón propone, a su manera, redibujar las cartas del código de relaciones de dominio y explotación que rigen como leyes de hierro las relaciones laborales y humanas. El resultado es de una exquisita precisión.

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