Teatro por el mundo

El teatro paraguayo actual

Nota / 1 octubre, 2019 / Luis Vidal Giorgi

El teatro paraguayo, luego de la caída de la dictadura más longeva de Latinoamérica —la del Gral. Stroessner—, que duró desde 1954 a 1989, tuvo un periodo de expansión y crecimiento con la democracia. En la actualidad la oferta es muy variada, aunque con el retorno del Partido Colorado al poder —señalemos que el actual presidente es el hijo del secretario privado del antiguo dictador— parece que algunas dificultades has vuelto a surgir.

EL MARISCAL DE LOS CLOWNS

Así ha sucedido con el estreno, en un momento postergado, de una obra titulada Las locuras del Mariscal, del autor y actor Anuncio Galeano, donde crea un personaje basado en alguien de la vida real, con trastornos psiquiátricos, que andaba en los años noventa por las calles de Asunción, vestido de militar, contando historias de la Guerra de la Triple Alianza y, por momentos, creyéndose el mariscal Solano López, quien —recordemos— es el héroe del Paraguay en esa guerra injusta y terrible del siglo XIX, la Triple Alianza de Argentina, Brasil y Uruguay, que devastó la población paraguaya. Los cuadros de nuestro Blanes en el Museo de Artes Visuales son un testimonio estremecedor de la desolación del pueblo paraguayo.

El personaje que interpreta Galeano es un clown; según señala la crónica, es la historia de un cuidador de un teatro que, en medio de sus peripecias, destruye la sala y, al recuperarse, encuentra un traje militar del siglo XIX. Una vez puesto, empieza a jugar a ser soldado, da rienda suelta a sus locuras y busca el apoyo del público para sus juegos. Galeano aclara: “El ‘clown’ se asocia mucho con la locura divertida, transgresora. Quise hacerlo así porque me pareció interesante. Si tiene alguna referencia histórica es en base a la imaginación de este personaje callejero”. Sin embargo estas justificaciones no fueron suficientes para aplacar los ánimos de quienes consideraban que era una burla a un héroe nacional y a esa dolorosa gesta, por lo que un grupo irrumpió en el estreno en el Teatro de la Alianza Francesa e interrumpió la presentación. Pero el abucheo no fue lo único, anteriormente hubo amenazas de muerte. Según señala Galeano: “El grupo que se autoconvocó para escrachar la obra incluso se puso un nombre; ‘Unión de jóvenes patriotas’ o algo así se hacen llamar. Me dijeron que me cortarían el cuello, que iban a quemar el teatro con todos los actores adentro, que amanecería en la cuneta”.

Uno de los exaltados luego justificó su accionar diciendo absurdamente que. si Paraguay vive en una democracia, él tenía derecho a escrachar al autor de una obra ya que “no podemos dejar que nadie alegremente con la cancha libre venga a burlarse de las figuras nacionales”. Y se generó una discusión interesante con el director francés Dominique Scobry, del teatro de la Alianza Francesa, el cual le citó a Voltaire: “Francia tiene un filósofo que se llama Voltaire y que tuvo una frase fenomenal que decía ‘no comparto sus ideas, pero haré todo para que las pueda expresar’. Bueno, eso es la democracia según Francia”.

Lo importante, más allá de la polémica, es que no hubo hechos violentos posteriores y la obra se está representando en varios espacios culturales, lo que es una muestra de los cambios que se han instalado en Paraguay, pese a los embates de sectores conservadores. Es reconfortante que ya no existe la censura previa como en tiempos del dictador Stroessner y ejercer la libertad de expresión es un derecho conquistado por el pueblo paraguayo.

URUGUAYOS EN ASUNCIÓN

En las épocas de ausencia democrática en que el teatro paraguayo intentaba afirmarse, contó con la presencia de varios directores uruguayos, entre ellos fue Carlos Aguilera(1945-2009) quien tuvo una presencia constante y destacada en el medio paraguayo, en el fundamental Arlequín Teatro de Asunción, llevado adelante contra viento y marea por Ricardo Migliorisi, recientemente fallecido.

En los últimos años se han dado menos intercambios escénicos, también por la propia desenvoltura del teatro paraguayo que ha generado su acervo para afirmarse; recordemos, por ejemplo, que el infatigable Centro Paraguayo de Teatro(CePaTe) ha cumplido 39 años de actividad sostenida, aglutinando las expresiones teatrales del medio guaraní.

Señalemos que este año un director y autor joven uruguayo, Pablo Dive, formado en la Escuela del Teatro El Galpón, estrenó en Asunción su obra: Sindicato de los eternos desplazados. Dive, que ha dirigido otros espectáculos de su autoría en Montevideo, trabaja en ahora en Asunción. La obra, según señala la información, se trata de una historia que se desarrolla varios años en el futuro, después de un conflicto bélico mundial, alrededor del año 2100 —no se sabe con exactitud—. La información de antes de la guerra es difusa y confusa, con datos y fechas entreverados. La sociedad se recluye en sus casas y arma puestos de vigilancia en cada sótano, llamados bunkers. Estos bunkers están conectados entre sí, y forman una red llamada SED (Sindicato de los eternos desplazados). El agua es el negocio del momento y los vecinos defienden cada uno su tanque de agua. Los barrios son sectores numerados como lo son también los habitantes del futuro. Los mecanismos que se utilizan para dominar a una sociedad mutaron, pero otros funcionan con el mismo fin. Vivimos los últimos días de la humanidad. Una obra de ciencia ficción con el humor que caracteriza a Dive.

Asimismo, este año en la Semana de Teatro, organizada por el CePaTe, se pudieron ver las siguientes obras nacionales: Vacíos, Las viejas del norte viento, Nuestros años grises, El Club de las Feas, Ser o no ser searching, Todos los hombres son iguales, Justicia Maravillosa, Por las calles del sur. También subirán a escena: Un busto al cuerpo, Sigilos, El Baúl, Delmer, Viajemos con este cuento, Uropsilus, Sheikaveniu, Entre tú y yo, Interrogantes, Por las calles del sur, Kuña batallón, Drama queen, Estaciones trans, La danza de las patas cortas.

Una nutrida variedad que refleja el crecimiento del teatro paraguayo como parte de la identidad nacional, de ese país, donde el guaraní es su segunda lengua, signado por una antigua herida que no ha cicatrizado del todo.

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