Teatro por el mundo

Dramaturgia en la academia de la lengua

Teatro / 1 septiembre, 2018 / Luis Vidal Giorgi

Uno de los dramaturgos más destacados de España es Juan Mayorga (1965), tanto por sus temáticas, vinculadas a las grandes interrogantes del ser humano, como por su estilo, en el cual las palabras engarzadas en los diálogos, que es la sustancia del teatro, logran una densidad conceptual sin perder su brillo. Este año fue nombrado, además, miembro de la Real Academia Española y se han estrenado algunas de sus obras, tanto en nuestro país como en Buenos Aires.

En nuestro país se han estrenado sus obras: Himmelweg. Camino del cielo, sobre el Holocausto, en El Galpón; recientemente su obra más representada El último de la fila, en el Teatro Alianza; Cartas de amor a Stalin, sobre las cartas que le mandaba el escritor ruso Bulgakov reclamándole por la censura; Banquete de bodas, en el Circular, sobre el casamiento de la hija de Aznar. Todas ellas dirigidas por Eduardo Cervieri. También se presentó La tortuga de Darwin, con dirección de Mariana Wainstein.

              EL AJEDREZ TAMBIEN ES POLÍTICO

En Buenos Aires en el Teatro del CELCIT se estrenó este año: Reijkiavik, nombre de la capital de Islandia, una obra que trata de un suceso apasionante; en 1972, en pleno auge de la Guerra Fría, se enfrentaron por el título mundial de ajedrez el genial y excéntrico Bobby Fischer, por Estados Unidos, y Boris Spassky, por la Unión Soviética —tradicionalmente campeona en este juego-ciencia—. El encuentro que tuvo gran difusión mundial llevó a que tanto la CIA como la KGB desplegaran sus hombres en la ciudad durante el tiempo que duraran las partidas, que culminaron con la victoria de Fischer, quien fuera considerado un héroe nacional, felicitado por Kissinger, para luego, al final de sus días, ser considerado un “traidor a la patria” por jugar en 1992 en Yugoeslavia, cuando su país le hacía un boicot por la Guerra de los Balcanes. Terminó Fischer perseguido, pidiendo asilo político en la propia Islandia, sin poder salir de ese país, donde muere en el 2008.

En la obra los personajes se llaman Waterloo y Bailén; en sus encuentros reconstruyen las famosas partidas, ante la mirada de un tercero, el joven Leipzig. El programa de la obra señala: “Waterloo y Bailén, dos personajes que celebran sus encuentros en un yermo parque y a la sombra casi inexistente de un árbol seco, reconstruyen el gran duelo de Reikiavik. No es la primera vez que Waterloo y Bailén hacen algo así, pero nunca lo habían hecho con tanta pasión. Porque lo que hoy buscan ante ese muchacho extraviado, Leipzig, no es solo comprender por fin qué sucedió realmente en Reikiavik, qué estaba verdaderamente en juego, quiénes eran realmente aquellos hombres que se midieron allí. Hoy, además, Waterloo y Bailén buscan un heredero. Protagonizada por tres hombres que llevan nombres de derrotas napoleónicas, es una obra sobre la Guerra Fría, sobre el comunismo, sobre el capitalismo, sobre el ajedrez, sobre el juego teatral y sobre hombres que viven las vidas de otros.”

              SIN HUELLAS DEL GHETTO

En Madrid se estrenaron tres obras de Mayorga, entre ellas está la ya mencionada Himmelweg, pero también retoma el tema del Holocuasto en El cartógrafo. Una obra que surgió de la visita a Varsovia del autor y de las escasas huellas del Ghetto. Señala la información: “Varsovia de principios de los años cuarenta, en plena Segunda Guerra Mundial, se conecta con la del presente en esta función que nos recuerda a los 400.000 judíos atrapados en el gueto de esta ciudad. El artífice de este viaje en el tiempo es Blanca, la esposa de un diplomático español destinado en la capital polaca, que decide emprender la búsqueda de un viejo plano del gueto tras escuchar la leyenda de un anciano cartógrafo que, en medio del aquel caos, decidió ‘dibujar el mapa de ese mundo en peligro’.”

Paralelamente, también en Madrid, en el Teatro del Barrio de Lavapiés, se estrenó otra obra de Mayorga: Famélica. La reseña escrita por el propio dice: “… en horas de melancolía en medio de la euforia de los mercados, a partir de esquemas cuya famélica base es una vaga intuición acerca de lo que temes y deseas y ocultas cada mañana cuando ves ante ti las puertas del edificio corporativo. Si tu trabajo no te apasiona, si tu trabajo no coincide con tu pasión, si tu trabajo te parece desagradable pero inútil, un gesto, una mirada, una palabra pueden en cualquier momento traicionarte. Si en ese momento eres convocado a participar en un proyecto sin escrúpulos, las decisiones pueden sorprender.”

             LA DICTADURA DEL PRESENTE

Estos ejemplos alcanzan a reafirmar el relieve del dramaturgo Juan Mayorga en la escena contemporánea. A su actividad como escritor suma su formación en filosofía y matemáticas. Por lo que, a su riguroso y prolífico método de trabajo, es interesante conocer algunas de sus opiniones sobre el teatro.

Respecto a esto señala: “Estoy convencido de que una sociedad rica en teatro es más crítica, más imaginativa, más capaz de resistir. Pero los que hacemos teatro, antes que reclamar atención a nuestro trabajo, debemos provocarla por el valor de lo que hagamos. Escribir para el escenario es un lugar fascinante para el escritor. El dramaturgo puede, como el narrador, contar historias, y, como el poeta, puede asaltar la lengua, pero además tiene a veces el placer incomparable de ver sus textos desplazados por los actores a lugares que él no previó. El texto sabe cosas que el autor desconoce. Eso, que se puede afirmar de cualquier texto, se debe decir especialmente del teatral, que nace para ser pronunciado. Y cada actor, cada ser humano, lo pronunciará de distinta manera.”

Dice Mayorga respecto a su obra El cartografo: “La obra responde al conflicto entre recordar y olvidar. El mapa del cartógrafo es un mapa contra el olvido, en el que marca aquello que nunca debe ser olvidado, que es lo que pretenden todas las dictaduras. Habla de la memoria colectiva frente al pasado, pero también de la mirada al pasado personal de cada uno. Queremos someter al espectador al conflicto de hacer memoria sobre la herida que sangra todavía en Europa, dejando a un lado lo que yo llamo la dictadura del presente, que incita siempre al olvido”.

Ya con esa definición alcanza para asomarnos al mundo de Mayorga, que es el nuestro.

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