Alberto Zymberg

Nota / 31 agosto, 2019 / Luis Vidal Giorgi

“La obra está contada con un lenguaje corrosivo, inteligente y con pinceladas de humor negro”.             

En su desempeño como director Alberto Zymberg ha transitado textos del alemán Brecht o el francés Cocteau pero especialmente autores ingleses como Churchill, Pinter u Orton, sobre el cual vuelve para escenificarlo. Conversamos sobre este autor fallecido en 1967 a los 34 años, que participaba de la vanguardia del arte inglés de los años sesenta.

-Volvés a dirigir un texto de este dramaturgo inglés que se caracteriza por su estilo irreverente e irónico. ¿Qué es lo que destacarías como atractivo y vigente en la obra de Orton que has frecuentado?

-Tanto  Harold  Pinter, como Orton son dos autores por los que he transitado y que me resultan por demás atractivos por como retratan a la sociedad inglesa cada uno desde su estilo. Orton mucho más irreverente, utilizando en sus personajes un lenguaje más rudo y poco convencional.  Trata temas que siguen más que vigentes como la falsa  moral, la xenofobia, la violencia de género, la inseguridad y los miedos, las rígidas categorías sexuales y la religión como el único medio de salvación. Todo esto contado con un lenguaje corrosivo, inteligente y con pinceladas de humor negro.

-Y sobre esta obra El rufián en la escalera, que tiene una trama policial además. ¿Cuáles son los elementos que te interesaron y que pueden atrapar al público?

-Si bien está presente el suspenso en la trama policial, retrata muy bien la clase sumergida de la Inglaterra de los años 60 a través de la pareja de Mike, un ex boxeador irlandés que vive de la subvención del Estado y realiza trabajos sucios en los baños de Londres; y Joyce, una ex prostituta.  Ambos se ven amenazados por la llegada de un muchacho llamado Wilson que poco se sabe de él pero mucho se sabe de esta peculiar pareja. Cualquiera de estos tres personajes es muy rico para ver y desentramar, desde el lugar del que provienen, la historia que cuentan y el vínculo muy particular que mantienen entre ellos. Amor, desamor, sexo, violencia y venganza se conjugan en una trama brillantemente escrita que te mantiene atrapado hasta su final inesperado.

-¿Qué elementos destacarías sobre la puesta en escena? ¿Algún diálogo significativo de los personajes?

-Como toda obra de Orton, el  humor negro está presente, pero trabajamos en no subrayarlo, para que el drama que atraviesa toda la pieza no pierda su fuerza. Los personajes pueden ser grotescos pero la idea es mostrarlos  tal cual son, reales, sin barnices, eso intensifica aún más la historia  y los conflictos que estamos contando.  Además de las excelentes actuaciones de Denise Daragnés, Moré y Martín Castro, la puesta en escena casi cinematográfica, la intimidad de la Sala 2 lo permite, nos apoyamos en  una estética muy cuidada, ambientada en los 60, que desde la escenografía, vestuario, luces y sonido se genera un espacio y una atmósfera por demás sugerente.

-¿Cómo se ubica esta nueva propuesta en tu evolución como director?

-Ya había hecho un Orton hace unos años, Atendiendo el Sr. Sloane con el elenco de la Comedia Nacional y fue un proyecto muy rico que significó mucho para mí. Me pareció interesante volver a transitar este autor pero desde otra mirada, con otro camino andado. En este caso además El rufián en la escalera es más oscuro, más cruel en ciertos aspectos, toca otros temas, como la violencia de género por ejemplo. Es por eso que en este caso como mencioné anteriormente decidí  mostrar la historia tal cual es, donde el humor aparece, pero muchas veces como escape a momentos de tensión, a la realidad que se está mostrando.

-¿Algo más que quieras agregar sobre este trabajo en el Circular, elenco que ya has dirigido?

-Ya he dirigido al elenco de El Circular en varias oportunidades, se trabaja muy cómodo. Es un elenco muy comprometido en todo lo que se hace, lo bueno es que ya nos conocemos, hay un camino recorrido, saben cuál es mi forma de trabajo y eso hace que todo sea más fácil. La confianza entre todos  está ya instalada desde el vamos.

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